Thursday, June 30, 2005

Antihéroe y los Hooligans del Cusco

Viví en el Cusco durante once meses entre 1996 y 1997, enseñando inglés en Excel y editando la sección de noticias locales en un diario de la ciudad imperial. Fueron días lentos y divertidos; por las mañanas tenía una veintena de estudiantes ávidos de aprender inglés para trabajar en hoteles y agencias de turismo de la zona, y por las tardes me dedicaba a mandonear y maltratar a los tres reporteros que cubrian la zona céntrica de la ciudad. No me pagaban gran cosa en el diario pero, seamos sinceros, tampoco había gran cosa que hacer.

Una de las cosas que me gustaba de mi trabajo en el diario era recorrer casi a diario las tres comisarías del centro de la ciudad, buscando algo llamativo para la primera plana del día siguiente (el Sr. Santisteban, dueño del diario, pensaba acertadamente que los asaltos y accidentes vendían más periódicos). Fue así como durante un tiempo me hice conocido entre los policías del Cusco, y fue así como llegué a conocer al teniente Heraclio Cárdenas, un cajamarquino de fácil sonrisa que había ingresado a la policía después de darse de baja en el ejército, y que tenía a su cargo el turno diurno de la comisaría del distrito de Wanchaq.

Conversando con Heraclio aprendí más acerca del Perú de lo que hubiera aprendido leyendo decenas de ejemplares de Caretas o El Comercio. Y es que Heraclio, a sus 28 años, había pasado buena parte de su vida adulta combatiendo terroristas primero y delincuentes después. El patita había luchado contra Sendero en Ayacucho y el Alto Huallaga, y contaba sus historias de enfrentamientos y balaceras con la misma naturalidad con la que otros cuentan lo que pasó en la fiesta del sábado o en la cafetería de la universidad. Casi todas las tardes de domingo las pasábamos frente a la comisaría, en un restaurante en el que, con un par de cervecitas, conversábamos acerca de todo un poco: Heraclio siempre preguntándome acerca de cómo era la vida en USA o en Europa, y yo interrogándolo acerca de Abimael y sus muchachos. Mientras más historias me contaba, más gratitud y envidia sana sentía yo hacia aquel flaquito de aspecto bonachón y sonrisa contagiosa. Cómo no sentir gratitud hacia el patín… después de todo, mientras yo había estado en USA refilando gringas cabeza huecas a diestra y siniestra, el había pasado sus días en la selva del Marañón, defendiendo a balazos esa democracia que no sabemos aprovechar. De todas los comentarios que le escuché a Heraclio, el comentario que más recuerdo fue la respuesta que me dio cuando le pregunte qué le pasaba por la cabeza cuando se jugaba la vida patrullando la selva de Huanuco en busca de terrucos. “Juan –me dijo-, nunca sentí odio hacia aquellos a los que combatia en la ceja de selva, pero esos blanquiñosos de Lima, a los que supuestamente protegía, siempre me tratan con desprecio cada vez que voy alla. A esos si les tengo hambre…”

En fin, el asunto es que una tarde de domingo a eso de las cinco y media Heraclio y yo estábamos conversando en el restaurante al frente de la comisaría, cuando de pronto regresó la vieja camioneta que había ido al estadio Garcilaso a garantizar la seguridad ciudadana en el partido del Cienciano frente al Alianza Atletico de Sullana. En la parte de atrás de la camioneta estaban sentados algunos agentes y tres gringos altos con pinta de mochileros. Los gringos se bajaron cautelosamente de la camioneta y entraron a la comisaria, escoltados por cuatro efectivos de nuestra gloriosa policía nacional.

-¿Qué pasa con los gringos? –le pregunto Heraclio al cabo que se nos acercó trayendo unos papeles y los documentos de los gringos.
-Estaban alterando el orden público, mi teniente –respondió el flaquito-. Se pusieron a echar agua a los espectadores en la tribuna norte y empezaron una pelea. Los hemos metido al “cuarto de reflexion” para que escarmienten un rato.
-¿Siguen borrachos?
-No. Creo que con el susto de traerlos aquí ya se les ha pasado la borrachera.
Heraclio revisó el parte del arresto y hojeó los pasaportes de los gringos. Los tres eran ingleses.
-Dos de ellos tienen la estadía vencida –comentó.
-¿Se les acabó la visa? –pregunté-. ¿Y ahora? ¿Qué les va a pasar?
-Nada.
-¿Nada? ¿No dices que se les venció el permiso de estar en el pais? Eso quiere decir que son ilegales, pues.
Heraclio se echó a reír.
-Tienes razón –comentó-. No lo había visto asi, pero son ilegales. Pero no te preocupes, que no les haremos nada. Es politica del gobierno el promover el turismo, así que mañana pagan su multa y se acabó.
-¿Eso es todo? Pero Heraclio, lokal, eso no está bien. Deberías de ver como nos tratan los gringos en sus países. Si a alguno de nosotros nos encuentran con la visa vencida nos tratan como delincuentes. Causa, lo mismo debe de ser aquí. ¿Dónde está el principio de reciprocidad legal entre las naciones?
-¿Reciprocidad entre las naciones? –contestó Heraclio-. Has leído muchos libros de diplomacia, Juan. Mañana cuando se les pase la borrachera los dejaremos salir. De aquí van al Banco de la Nación a pagar su multa y luego a migraciones de la Avenida del Sol a sellar el pasaporte. Asunto resuelto.

No lo podía creer... Si a mí me ampayan en Inglaterra con la visa vencida primero me arrestan, luego me humillan con preguntas irrelevantes, y por último me meten a algún calabozo con cocorocos hard-core de Jamaica o del Surinam antes de deportarme y prohibirme a perpetuidad el ingreso al país. Pero aquí, en la tierra donde nací, a estos gringos no les pasa nada. ¿En qué clase de mundo vivimos, carajo…? Esto definitivamente no podía quedar así.

-Heraclio –le dije-. Déjame hablar con ellos un rato, chochera.
-¿Quieres hablar con los gringos? ¿Para qué?
-Déjame hablar con ellos nomas…
-Lo olvidaba… ¿tú hablas ingles, no? Anda pues... Asústalos un rato. Diles que eres capitán o algo asi.
-Ok, causita - le dije, y después de revisar los documentos y el parte del arresto salí arrancado del restaurante hacia la comisaria antes de que Heraclio tuviera tiempo de cambiar de opinion.

Era una tarde tranquila y no había mayor movimiento. En la parte de atrás, casi al salir al corralón donde estacionaban los carros, estaba el famoso cuarto de reflexión, una habitación de adobe de 25 metros cuadrados, sin ventanas y con el techo de calamina. Abrí la puerta y me topé con los tres flaquitos ingleses, sentados en una banca. Los tres me miraron con una mezcla de curiosidad y desinterés.
-Muchachos… -empecé-. ¿Que tal…? Mi nombre es Juan y soy el encargado de asuntos de extranjería aquí. ¿Cómo están? ¿Los están tratando bien?
-Estamos bien –respondió el mas alto-, pero no hay mucha luz aqui.
-¿Hablas castellano, causa? Qué bacan… ¿Donde lo aprendiste?
-En Salamanca. En España.
-Me alegro de que hables mi idioma. Así van a ser más fáciles las cosas. ¿Cuál es tu nombre , lokal?
-Bryan –respondió el patin.
-Bryan… ok, Bryan… ¿de qué parte de Inglaterra eres, causa?
-De Brighton, cerca de Londres.
-Ok.. y tu amigo.. ¿cómo se llama? ¿También habla castellano?
-Mi nombre es Gareth –dijo el otro flaquito-. Y tambien hablo castellano.
-¿Gareth? ¿Ese es tu nombre, causa? Pensé que Gareth era nombre de hembra. ¿Dónde aprendiste mi idioma?
-En Guatemala.
-Muy bien –respondí, volviéndome hacia el tercer gringo-. ¿Y tú, causa? Cuál es tu nombre?
-Su nombre es Steve –contestó Bryan-. El no habla castellano.
-¿No? Qué lástima… Si hablara castellano ustedes no tendrían que traducirle nada… en fin… ahora que nos conocemos… ¿alguno de ustedes me cuenta que pasó en el estadio?
-Le pido disculpas por el alboroto –dijo Gareth, con cara de arrepentido-. Tomamos unas cuantas cervezas de más.
-Aquí en el parte del arresto dice que se desnudaron y empezaron a echarle cerveza a los aficionados. ¿Es cierto eso?
-No fue cerveza –dijo Bryan-. Fue agua.
-¿Agua? ¿Con este frío? Causa… ¿ustedes creen que estan en Wembley? ¿Creen que el estadio del Cienciano es Old Trafford? Aquí la gente va al estadio con sus familias a divertirse, lokal. ¿Que es eso de estar quitándose la ropa y echarle agua a la gente?
-Se lo repito- dijo Bryan-. Habiamos tomado unas cervezas y perdimos el control.
-Ya veo… perdieron el control…
Los gringos dijeron algo que no alcance a oír y se rieron unos segundos.
-Pero esa no es la razon por la que yo estoy aquí, causa.
Los gringos dejaron de sonreir y me miraron recelosamente.
-¿Sabían que sus permisos de turista expiraron hace casi dos semanas?
-¿Expiraron? –contestó Bryan.
-Así es, lokal... Expiraron… caducaron… se vencieron… terminaron…. El permiso tuyo y el de tu patín Gareth. Steve esta legal todavia, pero ustedes dos deberian de haber salido del pais hace doce días.
-No sabíamos eso –contestó Bryan.
-Pues ahora ya lo sabes, causa. Dime, ¿qué han estado haciendo aquí todo este tiempo? Dos meses es un buen tiempo para estar de paseo en un solo lugar. ¿No serán burriers?
-¡No, no, no! –gritó Gareth-. ¡No somos burriers! Enseñamos ingles aquí.
-¿Enseñan inglés aquí?
-Sí, en la escuela Gamarra. La del centro.
-Sí la conozco… ¿Hace cuánto tiempo, causa?
-Llevamos dos meses enseñando ahi.
-Ya veo… está bien… me hubieras dicho eso antes, pues… yo pensé que tal vez habían estado vagabundeando o haciendo algo ilícito…
-No –repuso Bryan, levantando la cabeza, y estirando el cuello-. Estuvimos enseñando ingles.
-Estuviste enseñando ingles… ya veo…. ¿Tú nomás u todos ustedes?
-Sólo Gareth y yo. Estamos tratando de educar a la gente aquí.
-¿Educar a la gente aquí?
-Sí… educar.. usted sabe… enseñarles algo….
-Te agradezco tu buena voluntad, causa. Pero… permíteme una pregunta… ¿dónde están sus permisos de trabajo?
-¿Permiso de trabajo?
-Así es. ¿No dicen que han estado trabajando aquí como instructores de inglés?
-Sí, pero…
-Entonces pe… Si son extranjeros, y quieren trabajar en el Peru, necesitan permiso de trabajo. ¿Dónde esta?
Los gringos se miraron el uno al otro durante unos segundos. Finalmente, Bryan asumió nuevamente el papel de portavoz.
-No tenemos permiso de trabajo -anunció.
-¿Perdón?
-Dije que no tene-
-A ver, a ver -le interrumpí-. Vamos a recapitular un poquito. Déjenme pensar en voz alta un rato para organizar mis ideas… Primero, exceden su estadía legal en el país. Luego se ponen a trabajar por lo bajo, sin autorización. Luego se ponen a hacer desmanes en el estadio… Ahí nomás ya tenemos tres infracciones graves. Dime causita Bryan… desde que llegaron al país han estado cometiendo infracción tras infracción. ¿Acaso creen que están por encima de nuestras leyes? ¿Quienes creen que son? ¿Acaso se consideran especiales?
-No, no... Solamente he-
-¡No me interrumpas, carajo! Aquí el que habla soy yo. Ahora dime, Bryan… ¿qué cosa haces que te convierte en especial? ¿Puedes caminar de manos? ¿Tragas fuego? ¿Haces desaparecer tigres? ¿Eres aventajado? Explícame pe.. ¿Quién crees ser para ignorar altamente las leyes de mi país?
Los flakitos me miraban boquiabiertos y en silencio. Es interesante darse cuenta de cómo un carajo bien puesto le baja los humos a la gente.
-No somos especiales –dijo Gareth después de unos segundos.
-Eso es lo que sospechaba –repuse-. ¿Entonces por que no siguen las instrucciones? ¿Por qué no saliste del país antes de que se te acaben los 45 dias?
-Le dije que no nos habíamos dado cuenta –repuso Bryan-. En todo caso, no creo que la situacion sea tan grave. Cuando estudiaba en España tambien excedí mi estadía, pero solamente tuve que pagar una pequeña multa. En el aeropuerto de Madrid hay una oficina en la que-
-¿En Madrid? –interrumpí-. ¿Has dicho Madrid? Oye compadre, cuando te bajaste del avión en el Jorge Chávez, que chucha decía el cartel que colgaba de la pared? Decia “Bienvenidos a Madrid” o “Bienvenidos al Perú”?
-“Bienvenidos al Perú”.
-Entonces pe... por qué te pones a hablar de Madrid. No mezcles chicha con limonada. No sé cómo serán las regulaciones migratorias allí, pero las de mi país están escritas claramente en el formulario que llenaste cuando ingresaste al pais. ¿Recuerdas lo que decia? ¿No? Aquí lo tengo engrapado a tu pasaporte, y dice bien claro que el gobierno peruano te autoriza a permanecer en el país en condicion de turista por un período de 45 dias, período después del cual debes de extender tu visado o salir del pais. En caso de permanecer en el país más allá del tiempo permitido pasarás a ser un indocumentado, sujeto a pena de multa y/o encarcelamiento. Está bien claro aquí, causa. Incluso lo firmaste. ¿Esta es tu firma. no?
-Sí, es mi firma.
-¿Y qué pasó entonces? ¿Acaso no sabes leer?
-No sé por qué crea tanta dificultad –repuso el flaquito, todo contestón-. Después de todo, solamen-
-Causa, contesta mi pregunta. ¿Sabes leer o no?
-Sí se leer.
-¿Entonces? ¿Qué pasó con este papel?
-No lo leí con atencion.
-No lo leíste con atencion –repetí-. Pero lo firmaste. Dime una cosa, causa. ¿Tú acostumbras firmar cosas sin leerlas?
-No.
-¿Seguro? Porque me acabas de decir que no leíste este documento.
Bryan y yo nos miramos fijamente a los ojos durante unos segundos. Por un momento pensé que iba a decir algo, pero como se quedó callado aproveche el silencio para dirigirme al tercer patin, que hasta ese momento no había dicho nada.
-Dime una cosa, Steve. ¿Cómo le dicen en Inglaterra a los patas que firman documentos sin tomarse la molestia de leerlos?
-Ya le dije que él no entiende espanol –interrumpió Gareth. Contestones habian resultado estos ingleses de mela…
-¿No entiendes español, local? Bueno… hablemos en ingles entonces… what do you Brits call someone who doesn’t read what he signs?
-What? Someone who doesn’t read what he signs?
-Yeah. What would you call someone who doesn’t bother to read what he signs?
- I’d call him a bloody moron –respondió el flakito.
-Exactamente –respondí-. Un “ bloody moron”. Eso es lo que pienso yo también.
Tan pronto los flaquitos me escucharon hablar inglés, empezaron a hablar al mismo tiempo y apresuradamente.
-Un momentito, un momentito –dije, callándolos-. No me hablen en ingles. Yo lo chamullo un poquito, pero no me gusta hablarlo los fines de semana. Cuando se dirijan a mí, que sea en castellano. Y ahora permanezcan en silencio que voy a leer estos documentos.

Pasé los proximos dos o tres minutos caminando por la celda y hojeando sus pasaportes de principio a fin, con la misma expresion de altanería y desdén con la que me habían revisado el pasaporte tantos gringos en USA y en Europa. Los flaquitos me miraban asustados y yo, para qué negarlo, disfrutaba de cada segundo… Abrí los pasaportes, rasqué las esquinas de las fotografías para comprobar que no estaban superpuestas sobre alguna otra foto, y verifiqué que las costuras que unían las páginas eran auténticas. En esos momentos pensé que, en vez de haberme ido a estudiar a USA, debería de haber postulado a la policía nacional…
Finalmente, luego de todo el teatro, me dirigí a los patitas.
-Miren muchachos. Lo que tenemos aqui es una disyuntiva. Suactitud y su permanencia en el Perú mas allá del tiempo establecido demuestra claramente el poco respeto que ustedes le tienen a las leyes de mi país. Esa falta de respeto, en mi opinión, les convierte en una amenaza para la seguridad de mis conciudadanos.
-¡¿Una amenaza?! –interrumpió Bryan-. Nosotros solamente somos turis-
-Déjame continuar, chocherita. No interrumpas que eso demuestra mala educación. Como les decía… veo dificil que puedan salir en libertad… a menos que... a menos que me garantizen de alguna manera de que no son una amenaza. A ver… ¿qué garantías me pueden dar de que van a portarse bien en mi país, si además de burlarse olímpicamente de nuestras leyes migratorias, aceptan trabajos de manera ilegal y encima se pasean calatos por el estadio?
-Le repito que fue un error –explico Gareth-. Fue una tonteria.
-¿Una tonteria, no? Bueno… la única manera como le veo una solucion a esto es que me convenzan de que ustedes no son unos delincuentes, sino que simplemente no leyeron el documento que firmaron al entrar al país, algo que suelen hacer los que son unos… como dice aqui el causa Steve…“morons”.. ¿esa es la palabra, verdad? ¿“morons”?
-Sí –contestó Gareth- Esa es la palabra.
-Bueno, aquí no decimos “morons” sino "huevones". Así que ustedes dirán. Si me dicen que no son unos ‘morons’, entonces me están confirmando que las leyes de mi país les importa un pepino, asi que no me va a quedar más remedio que detenerles hasta que alguna autoridad pertinente les venga a escoltar al aeropuerto. Por otro lado, si me dicen que solamente son unos “morons”, unos huevones que no leen lo que firman, entonces tal vez podamos mostrar algo de comprension con su situacion y su incapacidad intelectual. Ustedes dirán…
Los patitas, indecisos, se miraron uno a otro durante unos segundos, hasta que Bryan, como siempre, decidió hablar por el grupo.
-No somos ‘morons’. Es solo que no pensamos que iban a ser tan estrictos con la estadía. Como puede ver, tenemos pasajes de regreso a Heathrow el 31 de-
-Causa –interrumpí, mirándolo fijamente-, te he pedido una respuesta, no un discurso. Mi pregunta es muy simple. ¿Qué cosa eres?
El flaquito Bryan me miraba con miedo y odio a la vez. Sabía que se encontraba entre la espada y la pared, y que no le quedaba mas remedio que seguirme la corriente. Yo, por mi parte, estaba empezando a saborear el momento de la victoria.
-Soy un huevón -, murmuró finalmente, agachando la cabeza.
-¿Qué dices? No te oí bien, causa.
-Dije que soy un huevón –repitió Bryan, perfectamente audible esta vez, la palabra ‘huevón’ retumbando por toda la celda.
-Eso es lo que pensé cuando te vi, causa. ¿Y tú, Gareth? ¿Qué dices, chochera?
-Yo también.
-¿Tú también qué?
-Yo también soy un huevón.
-Ya me lo imaginaba –contesté-. ¿Y qué dice aquí el flakito Steve?
Steve miraba la escena confundido, hasta que los otros dos hooligans le explicaron rápidamente lo que estaba pasando.
-El también dice que es un huevón –anunció Gareth.
-¿Seguro? El flaquito no ha dicho nada.
-¡Yes, yes! –interrumpió Steve–. I am a… what?
-¡Huevón! –repuso Bryan-. Just tell the man that you are a huevon!
-I am a huevon too! –anunció Steve a los cuatro vientos, hinchando el pecho con orgullo anglosajón.
-Muy bien, lokal –respondí-. Ya estás aprendiendo mi idioma. Y ahora que finalmente hemos establecido que ustedes no son más que una partida de huevones que no representan un peligro para la seguridad publica de mi país, vamos a ver cómo solucionamos esta situación. Déjenme ver que podemos hacer, ¿ok? Voy a hablar con el teniente para ver cual es el procedimiento a seguir…
Salí del cuarto de reflexion y me topé con un divertido Heraclio y dos sonrientes cabos.
-Juan –me dijo Heraclio-. Te has olvidado de algo.
-¿De qué, causa?
-No les has pedido su colaboración.
-Tienes razón.
Después de esperar unos minutos entré nuevamente en la celda. Los tres gringos estaban ahi, esperandome.
-Muchachos –empecé-.Les tengo buenas noticias. He hablado con el teniente Cárdenas, y me ha dicho que esta dispuesto a pasar por alto su comportamiento en el estadio.
Los tres muchachos respiraron con alivio.
-Por mi parte, yo estoy dispuesto a dejar pasar por alto su flagrante violacion a nuestro código legal, siempre y cuando me den su palabra de que mañana pagarán las multas correspondientes en el Banco de la Nación.
-Tiene nuestra palabra –respondió Bryan.
-Así me gusta. Ustedes son unos perfectos caballeros ingleses. Ahora… ahora… tenemos un pequeño asunto que resolver.
-¿Qué pasa?
-Muchachos, me da algo de pena decirles esto… queremos hacer el parte respectivo para que vayan a pagar su multa, pero nos acabamos de dar cuenta de que no hay papel carbón ni cinta para la máquina de escribir. Sin esos materiales me temo que no podremos llenar los formularios correspondientes.
-Si me dice donde venden eso, yo los puedo comprar –anuncio Gareth, muy colaborador.
-¿Estas seguro, causa? ¿Estarías dispuesto a colaborar asi?
-¡Sí, sí! –anunciaron al unísono los dos gringos que entendian lo que hablábamos.
-Ok. Se los agradezco sinceramente. Como saben, mi pais es muy pobre, y a veces el gobierno no tiene dinero para darnos algunas cosas que necesitamos aquí. ¿Tienen papel y lápiz? ¿No? Aquí tengo un lápiz. Apunta causa… necesitamos unas… unas mil hojitas de papel A4, unas tijeras, unas diez hojas de papel carbón negro y una cinta para la máquina de escribir, marca Pelikan. Todo esto lo pueden comprar en la libreria de la esquina, en la Avenida de la Cultura. ¿Saben dónde está?
-Sí, no hay problema.
-Vayan entonces.
Los gringos se levantaron y salieron de la celda en fila india.
-Muchachos, -dije cortándoles el paso antes de que salgan de la comisaría-. Ya que están con ganas de hacer shopping, a ver si se compran unas tres Inca-Kolas, pues. Los muchachos aquí estan con sed.
-¿Tres Inca-Kolas?
-Sí, causita. ¿Y que sean de dos litros, ok? Llévense esas botellas vacías para que se las cambien en la bodega.
Los hooligans agarraron las botellas y salieron de la comisaria calladamente.
-Juan –dijo Hercalio-. Tú deberías de chambear en el aeropuerto, en inmigraciones.
-Jejeje… bueno, causa. Me tengo que ir a preparar mi clase de mañana. Nos vemos el martes. Disfruta de la Inca Kola, cortesía de los súbditos de la reina Elizabeth de Inglaterra y el Reino Unido…

Cuando salí de la comisaria ya era de noche, y el frío serrano se podia sentir hasta los huesos. Había pensado dar una vuelta por la casa de la flaca del consulado aleman para que me caliente la noche, pero como ya eran casi las ocho decidí enfilar hacia mi cuartito de la calle Suecia a ver los goles del dia en DeporTV. Lo último que recuerdo de los hooligans ingleses fue verlos caminar apuradamente hacia la librería de la señora Glendy, cada uno con una botella vacía de Inca Kola entre las manos…

Wednesday, June 22, 2005

Antihéroe y el Trujillano Respondón

La Universidad Kasetsart de Tailandia es el equivalente tailandés de la Universidad Agraria de La Molina, y está situada a unos veinte minutos del centro de Bangkok. Segun el folleto, la universidad se especializa en ciencias agrónomas y cuenta entre sus alumnos a muchos estudiantes de Las Filipinas, Malasia, Cambodia y Vietnam.
Mi Chinagirl y yo, medio asado porque nunca me ha gustado usar terno y corbata, entramos al enorme auditorio del Rey Sutham Areekul, donde esa mañana de viernes estabamos invitados a la ceremonia de entrega de un Doctorado Honoris Causa de Filosofía en Economía Agraria (¿?) a su Excelencia, el Dr. Alejandro Toledo, Presidente de la Republica del Perú (al menos, eso es lo que decia la invitación). José Bautista, secretario de la embajada peruana y representante diplomático del Perú en el Reino de Tailandia (teníamos embajador hasta hace unos meses, pero ahora el patita está en Lima enfrentando cargos de enriquicimiento ilícito), nos salió al paso mientras nos preguntábamos dónde nos ibamos a sentar.
-Habla José. ¿Cómo estas, brother?
-Juan. Linda. Qué bueno que hayan venido. La ceremonia empieza en 15 minutos. Vengan por aquí. Todos los peruanos nos sentaremos en el mismo lugar.
José nos escoltó hasta una zona cerca del escenario, donde estaban ya sentadas muchas de las peruchas que viven en Bangkok, todas acompañadas de sus respectivos maridos europeos.
-Siéntense en esta sección -nos indicó José-. Y no se olviden de aplaudirlo al Cholo, ¿ok? Hay que hacerlo quedar bien al hombre cuando salga esta noche en los noticieros.
-Osea que me has invitado para hacerle barra -contesté-. Sabia que me habían traído de ayayero, brother. Cualquiera avisa antes, pues. Así en vez de venir en terno hubiera venido con mi tambor y mi camiseta de la selección.
-Bueno, tengo que ir a coordinar los últimos detalles. Regreso cuando termine la ceremonia para llevarlos a todos a la recepcion.
-Anda nomás, causa. Aquí te esperamos.
José partió apurado hacia una salida del auditorio, y nosotros empezamos a saludar a la colonia peruana en Bangkok. Los saludos no tomaron mucho tiempo, porque en Bangkok solo vivimos 14 peruchos, dos flaquitos y doce peruchitas, todas casadas con gringos europeos. Por alguna razón que desconozco, las peruchas que se casan con gringo americano no vienen a Bangkok. Es que seguro se casan con gringo americano de clase trabajadora, mientras que las peruchas en Europa apuntan más alto. Seguramente piensan que, ya que van a ser amas de casa por el resto de sus dias, es mejor ser mujer de ejecutivo internacional que ser mujer de un flaquito nine-to-five del heartland americano...
La ceremonia empezó puntualmente. El rector presentó al Cholo, y después de los aplausos respectivos nuestro Presidente tomó la palestra y empezó su discurso de agradecimiento por el título recibido. Por encima del terno llevaba la sotana y ese sombrerito cuadrado medio cursilón con el que se gradúan los universitarios.
-Juan -preguntó mi chinagirl-. ¿En qué idioma está hablando tu presidente? ¿En inglés o castellano?
-No sé chinita. Creo que en ingles, ¿no?
-¿Entonces por qué no se entiende nada? Pense que me habias dicho que habia estudiado en Stanford y en Harvard, pero su manera de hablar me recuerda al guía turistico que nos enseñó Machu Picchu. ¿Te acuerdas de aquel señor?
-Chinita, estoy intentando escuchar lo que dice el Cholo.
-Pero no se entiende nada, pues. Tal vez hubiera sido mejor que hable castellano. Así al menos yo podria entender algo. Oye, y es bien bajito, ¿no? El rector de la universidad no es muy alto, pero al lado de tu presidente parece jugador de basketball.
-Chinita, déjame escuchar pe.
-Ok, ok... lo siento. Lo que pasa es que esta ceremonia es bien aburrida. Seguro estás orgulloso de ver a tu presidente aqui, ¿no? ¿Qué le vas a preguntar cuando lo veamos en la recepción?
-Pues no sé. Hace tiempo pensaba que, si alguna vez lo veía, le iba a preguntar por qué no se puso un jebe cuando refiló a la mama de Zaraí, pero ahora tal vez eso sería inapropiado.
-¿Quién es Zarai?
-Es una larga historia, chinita. Pero tuvo su final feliz. Te la cuento en el carro.
-Ok. Dime, seguro Toledo es el peruano mas importante que has conocido en persona, ¿no?
-Mmmmm.... buena pregunta, chinita. No es la primera vez que voy a conversar con un Presidente. Cuando era calichín me llevaron a Palacio de Gobierno en una visita de colegio, y nos tomamos una foto con el presidente de entonces, Fernando Belaúnde.
-¿Entonces Belaúnde es el peruano que más te ha impresionado?
-No, chinita. Si hay algun peruano que me ha impresionado, ese fue el trujillano respondón. Pero eso fue... ufff.... hace años...
Después de diez largos minutos el cholo terminó de torturar a los presentes con su aburrido discurso, y luego de los aplausos y las fotos finales la gente se puso de pie y empezó a desalojar el auditorio. Como por arte de magia, José aparecio entre nosotros.
-Bueno, bueno. A ver esos peruanos. Síganme, ¿ok? Vamos a la recepcion del presidente y la Primera Dama.
-¿Eliane esta aqui?
-Sí. No pudo estar en la ceremonia por motivos protocolares, pero estará en la recepción.
Los peruchos en Bangkok nos levantamos y seguimos silenciosamente a José. Yo, caballero como siempre, dejé pasar a todas las peruchas con sus maridos gringos y me puse al final, cerrando la retaguardia del pelotón. La anticipacion se podia sentir claramente entre las peruchitas amas de casa, pero yo, sinceramente, hubiera preferido quedarme en casa jugando mi Playstation 2.
-Juan -preguntó mi chinagirl, mientras caminábamos hacia el salon de recepción-. ¿Quién es el trujillano respondón?

*********

Alguna vez leí por ahí que las personas solamente son capaces de recordar claramente unos cinco o seis eventos a lo largo de sus vidas, y estos eventos suelen ser generalmente matrimonios, bautizos, graduaciones o entierros. Tal vez eso sea cierto, pero en mi caso recuerdo como si fuera ayer la noche del jueves 15 de setiembre de 1983, hace más de 20 años. Esa noche, a eso de las once, un flaquito de Trujillo llamado Orlando Romero lograría hacer realidad el sueño que tuvo cuando era chiquillo y se ganaba la vida cortando caña en una hacienda azucarera: disputar el campeonato mundial de los pesos ligeros en el mismísimo Felt Forum del Madison Square Garden de Nueva York, el coliseo que era para el boxeo lo que Wembley era para el fútbol o la Las Ventas para el toreo.
Esa noche yo tenía 13 años, pero recuerdo todos los detalles como si estuviera viendo el vídeo. Recuerdo los comentarios de Kike Perez y Eduardo San Román desde la primera fila... recuerdo que Jorge Baglietto cantó el himno nacional vestido en un smoking blanco... recuerdo que la pelea preliminar la protagonizaron el portorriqueño Alfredo Escalera y un tal Charlie Brown... recuerdo que Romerito llevaba puesto pantalones azules con listones amarillos y zapatillas blancas... incluso recuerdo que tuve que ver la pelea a escondidas debajo del escritorio de mi viejo porque ya eran más de las diez y media y mi viejita me había mandado a dormir.
Recuerdo también que esa noche me quedé dormido de rabia y cansancio a eso de las dos de la mañana, mientras escuchaba los comentarios finales de Pocho Rospigliosi y Miguel Portanova desde Nueva York para Radio El Sol ('un Perú en sintonía'). No creo ser de esas personas que lloran por cualquier cosa, pero esa noche, cuando el americano Ray 'Boom Boom' Mancini noqueó a Romerito de un derechazo a la cabeza en el minuto y 36 segundos del noveno asalto, lloré como nunca había llorado en mi vida. Tan seguro había estado de que esa noche mi país tendría por fin su primer campeón mundial de boxeo, que aquel día en el recreo me había agarrado a golpes con un patín que osó decir que Romerito era un cagado que no pasaría del primer round.
Al día siguiente me levanté antes que nadie en mi casa, y después de reventar mi chanchito de las propinas me fui arrancado hacia el kiosko de la esquina, donde compré Expreso, Extra, Ojo, El Comercio y la República para leer todo lo que pudiese acerca de la pelea. De todos los titulares que leí, el que más me llamaría la atención fue el de La República, que tenía dos enormes fotos en la página final: una de Romerito ensangrentado y tendido en la lona con los ojos en blanco, y la otra de Mancini con la cara hinchada y el ojo derecho cerrado. El encabezamiento diría: "Mancini gana, pero el trujillano le salió respondón"...
La rabia de la derrota me duraría unos dias, y creo que esa fue la primera vez que me puse a pensar que este era un mundo de mierda, ya que era terriblemente injusto que un gringo campeón mundial y millonario le destruya los sueños a un flaquito que no tenía carro y se entrenaba todos los días, en medio de un nauseabundo olor a sudor y orines, en la oscura bombonera de la tribuna norte del estadio nacional...
Trece años mas tarde la vida me llevaría a Nueva York, donde la tarde de un sábado, y de la manera más casual, llegaría a la entrada oeste del Penn Station, donde está la puerta principal del Madison Square Garden. El enorme letrero luminoso que anunciaba un partido de los Rangers me traería a la memoria aquella noche de setiembre de 1983, en la cual mi ídolo Romerito se atrevio a perseguir, a golpes y contra todos los pronosticos, sus sueños más descabellados. Frente a la salida de Penn Station, al lado de un Subway, hay una pequeña tienda donde venden souvenirs deportivos del Madison Square Garden.
Caminé hacia el local sin querer queriendo, y me encaminé hacia la seccion de boxeo, donde están a la venta centenares de objetos de colección: guantes, posters, toallas, etc... La mayor parte de los souvenirs son de Muhammad Ali y los dos Sugar Ray, pero en la parte de atrás hay un estante donde venden esos carteles originales que solían pegar en esquinas y paredes para anunciar una pelea. Me puse a hojear la sección de 1983, y para mi gran sorpresa me encontré con un cartel amarillo con letras negras, de unos 60 x 80 centimetros, que anunciaba el combate entre Ray "Boom Boom" Mancini (42-0-1), de Youngstown, Ohio, y un tal Orlando Romero (31-0-0) del Perú. El precio era 7.99.
-Compadre -le pregunte al patín que atendía -. ¿Este cartel es original?
-Todos lo son -respondió.
Ni corto ni perezoso le pague al flakito, y feliz de la vida enrumbé hacia mi cuartito en SoHo. "Si alguna vez paso por Trujillo", me dije, "buscare a Romerito y le haré firmar este cartel..."
************
El salón donde tendría lugar la recepción del cholo era un elegante cuarto de unos 120 metros cuadrados, decorado con esculturas de Budha y enormes fotos de la familia real de Tailandia. En una de las entradas habian dos patitas con ternos grises y pinta de guardaespaldas. José nos hizo pasar y nos dio las instrucciones de ultimo minuto. -El señor Presidente y la Primera Dama entraran por aquella puerta. Don Alejandro pronunciará un pequeño discurso, y luego del brindis recibira a los miembros de la comunidad uno por uno con sus respectivas parejas. Les pido que sean muy breves, ya que en media hora debe de partir hacia una reunión de Jefes de Estado. Las peruchitas presentes empezaron a cuchichear entre sí y a alinearse a ambos lados de la puerta principal. Supongo que la anticipación debe de ser contagiosa, porque hasta mi chinagirl estaba entusiasmada. Cecilia Ordóñez de Johansson, una peruchita de Chiclayo casada con un sueco que chambea para la Volvo, se puso a nuestro costado.
-¿Cómo estás, Juan?
-Ahí, Ceci. ¿Qué dices? ¿Ya estás esperando familia?
-Todavía. ¿Y tú, Linda? ¿Cómo estás? ¿Qué le vas a preguntar a la señora Toledo?
-Pregúntale como está Zaraí -interrumpí.
-¡No! ¡No! ¡No vayas a tocar ese tema! -dijo la peruchita.
-¿Quién es Zaraí? -pregunto mi chinagirl.
-Damas y Caballeros -anunció a toda voz el flaquito José-. Su Excelencia, Don Alejandro Toledo Manrique y su señora esposa, Dona Eliane Karp de Toledo.
Los Toledo salieron por la puerta principal, y mi primera sensación fue de desilusión. Sabía que nuestro cholo era machucado, pero no me imaginé que lo fuera tanto. Mientras pasaba por mi lado no pude evitar pensar que este enanito era el representante de todos los peruanos. Con razón la gente no nos toma en serio, csm...
Los Toledo caminaron hacia el otro lado de la sala, donde había un pequeño micrófono. Algunos mosaicos aparecieron de la nada y empezaron a distribuir pisco sour entre los presentes. Me bajé uno al toque nomás para sobreponerme de la decepción y agarré otro antes de que el mosaico siguiera su camino.
-Estimados compatriotas -empezó el cholo-. He venido a decirles...
Mientras el cholo hablaba yo miraba a las peruchas presentes, todas escuchando con hipnotizada atención las palabras de nuestro presidente. El cholo no dijo gran cosa; lo único que recuerdo de su discurso fue el mismo cuento archiconocido de capitalismo con rostro humano y que los peruanos en el extranjero debemos de tratar de hacer quedar bien al Perú donde quiera que estuviéramos.
Después del brindis, los Toledo se apoderaron de una de las esquinas del cuarto y Jose nos indicó a los presentes que nos alineáramos para el respectivo besamanos. Doña Nisida, una piurana casada con un suizo ejecutivo de la Nestle, fue la primera en saludar a los Toledo. Yo agarré la mano de mi chinagirl y me puse al final de la fila.
-Esa es la esposa de Toledo? –preguntó mi chinagirl.
-Así es.
-Pero.. pero... su cabello está.. está... está... desarreglado.
-No sé, chinita. Yo procuro no mirarlo mucho porque los colores chillones me causan dolor de cabeza.
-No, Juan. Quiero decir que su peinado parece el de una artista, pero no el de una Primera Dama. Las mujeres de los demás Jefes de Estado tienen el cabello corto y bien peinado, y visten trajes serios y de colores neutrales. La esposa de Toledo parece una de esas gitanas que leen la suerte en el Montparnasse de Paris. ¿Acaso no tiene asesora de imagen?
La procesion de peruchas seguía avanzando despacio pero seguro hacia los Toledo, cada perucha aprovechando al máximo sus tres minutos presidenciales. Algunas abrazaban y besaban al cholo, otras sacaban la cámara fotográfica y le pedían a mi causa José que inmortalizara el momento. Finalmente, luego de media hora de espera, mi causa José se nos acercó.
-Juan, Linda -anunció-. Vengan por aquí. El Presidente y la Primera Dama los verán ahora...
**********

En la primavera del 97 había decidido mochilear via autobús por todo el norte del Perú, y mientras acomodaba mis cosas en el departamento de mi viejita encontré aquel cartel que había comprado un año antes en Nueva York. Al toque nomás compré un tubo de carton en la librería y acomodé el cartel lo mejor que pude. Esa noche llevé a mi viejita a comer una pizza en la avenida Diagonal y, luego de darle su besito de despedida, me fui a tomar mi autobús a la estación de Transportes Ormeño, en el centro de Lima. Mi primer destino: Huaraz.
Llegué a Trujillo luego de unos diez dias de turismo por el Alpamayo y el Cañon del Pato, y lo primero que hize luego de encontrar un hotelito fue ir a las oficinas del diario La Industria, donde tenía unos patines que conocí en Lima algunos años atrás.
-Estoy buscando a Orlando Romero -le pregunte a mi patín Iván, reportero de locales.
-¿A quién?
-A Orlando Romero pe, Romerito. ¿No te acuerdas?
-¿Romerito? El boxeador?
-A ese mismo.
-¿Qué pasa? –preguntó Ivan-. ¿Te debe plata?
-No. Solo quiero un autógrafo.
-Déjame preguntar.
Ivan llamó a otros reporteros y a un par de editores, pero nadie nos daba razón. De pronto, un gordito cuarentón que trabajaba en montajes pasó por nuestro lado.
-Oe foca -preguntó Iván- ¿sabes que es de la vida de Orlando Romero?
-¿El boxeador?
-Sí, ese mismo.
-No sé. Lo último que supe es que tenía una cevichería en la cuadra siete de la Avenida España. Pero eso fue hace tiempo. No sé si estará ahi todavia.
-¿Cómo se llama la cevicheria?
-"Madison".
Le agradecí el dato a mis patines y enfile hacia la cuadra siete de la Avenida España. Mientras caminaba trataba de pensar que cosa le diría a Romerito. Tenía tantas preguntas en la cabeza.... quince años de preguntas, para ser exactos... quería saber en qué momento se le ocurrió ser boxeador... cómo así se las ingenió para convertirse en profesional a pesar de que su familia se oponía... cómo se las ingenió para pasar de ser un boxeador de semifondo en el Mansiche a aspirante número uno al título mundial... qué hizo con los 180,000 dólares que le pagaron en aquella pelea... por qué se retiró del boxeo al toque nomás... cuando chambeaba en Expreso había intercambiado diversas opiniones con algunos de los personajes más influyentes del país, pero la idea de conversar por fin con el trujillano respondón me ponía recontra nervioso. Ya habia tenido la oportunidad de echarle un vistazo a la hacienda donde Romerito había chambeado cuando era chiquillo, y ya habia recorrido tambien las gradas del Felt Forum del Madison Square Garden; y creánme cuando les digo que la distancia que separa esos dos mundos va mucho más alla de unos cuantos miles de kilómetros. La distancia que los separa es la distancia de la pobreza a la abundancia, del atraso al desarrollo, de la desesperanza a la oportunidad. Y Romerito había cerrado esa brecha a fuerza de golpes y determinacion. Para mí, aquel patín al que le iba a pedir un autógrafo habia hecho algo indescriptible...
**********
-Señor Presidente, Doña Eliane -anunció mi causa José-. Estos son Juan y Linda A*****. Residen aqui, en Bangkok.
-¿Son hermanos? -comentó el cholo. Graciosito habia resultado el csm...
-Mucho gusto, señor presidente –le dije-. Esta es mi esposa, Linda. Doña Eliane, es un honor.
Mi chinagirl le dio la mano al cholo y a su madame. Lo primero que pensé en ese momento fue que el cholo estrechaba la mano como señorita, mientras que su mujer sacudía la mano dos veces con fuerza, al mejor estilo centroeuropeo. Tal vez es cierto eso de que ella es la que lleva los pantalones en esa relación.
-Es bueno conocer a un peruano que vive aquí -empezó el cholo-. Por un momento pensé que todas eran mujeres, nomás.
-En realidad somos cuatro, señor presidente -respondí-. No sé dónde estará Jaime, pero no creo que los otros dos chicos puedan venir.
-¿Por qué no? -preguntó Eliane-. ¿Les queda muy lejos?
-No es eso, Doña Eliane. Lo que pasa es que están guardados en el centro de detención de ilegales en Bangkok, esperando que termine su proceso de deportacion. No creo que los dejen salir para venir a saludarles.
El cholo se rió de buena gana.
-¿Donde aprendiste a hablar español? –le pregunto Eliane a mi chinagirl.
-En Madrid. En la escuela de idiomas de la Universidad Complutense.
-¿Se conocieron ahí? -No. Nos conocimos en Estados Unidos hace varios años.
-¿Conoces el Peru? –preguntó el cholo. -Sí. Estuve en el Peru dos veces.
-¿Que lugares conoces?
-Pues... la primera vez Juan me llevo a Cusco y Arequipa. Pero la segunda vez fuimos a Tingo Maria.
-¿A Tingo Maria? ¿Te gustó?
-Tingo María es como las provincias de Tailandia, pero Cerro de Pasco es impresionante. Nunca habia estado en un lugar tan elevado.
-¿Tienes familia en Peruú –me preguntó Eliane. -Ahora solamente mi padre. Mi madre pasa seis meses en Perú y los otros seis meses en Estados Unidos o en España. Le conte que tal vez les vería aquí, y me dijo que les dijese que, si ella pudiese votar en el Perú, votaria por usted, Don Alejandro.
-¿Y tú? ¿Votaste por mí o por Alan?
-Eso no se pregunta, Alejandro –apuntó Eliane. Menos mal que metió su cuchara, porque estaba a punto de decirle al cholo que no voté por el porque me parecia inmoral que no reconociera a su hija.
-Ok, ok... ¿Te gusta Tailandia? –preguntó el cholo.
-Mucho, señor Presidente. Si uno se las ingenia para ganarse la vida aqui Tailandia es el paraiso. Las playas, la gente, la comida...
-¿No echas de menos nada del Peru?
-Pues... ahora que lo pregunta... mmmm.... no se me ocurre nada. Creo que no echo nada de menos.
-¿No te llama la atencion lo que pasa en el Peru?
-Siempre leo las noticias por el Internet –contesté-. Además, siempre me mantienen al tanto algunos amigos.
-¿No echas de menos conversar con alguien en español?
-Pues... en cierta forma lo hago casi todos los dias en un chat.
-¿Un chatroom? –preguntó la Eliane. No dejaba conversar a los peruchos ésta oe.
-Sí. Hay varios canales donde uno puede chatear con la gente. Yo frecuento uno donde se reunen varios peruanos. Ahí hablamos de todo un poco.
-Dime, seguro rajan duro de mi, ¿no? –dijo el cholo.
-No crea, señor presidente –conteste-. Creo que rajan más de mí.
José, que habia estado escuchando todo, interrumpió para decirle al cholo que ya era hora de ir safando nomás, que tenía que ir a otro lugar. Y yo, fiel creyente de que aquel que se va sin que lo echen regresa sin que lo llamen, me despedí al toque nomas.
-Fue un honor, señor presidente. Doña Eliane, fue un privilegio.
-El gusto fue mio, Juan. Linda, encantado.
Toledo se empinó un poquito y le dio un beso en la mejilla a mi chinagirl.
-Señor Presidente –le dije, para terminar la entrevista-. ¿Puedo hacerle una pregunta?
El cholo, que parecía haber estado tranquilo y relajado, repentinamente se puso saltón. Sabe Dios cuántas veces lo habrán sorprendido así.
-Dime, Juan.
-¿Usted es de la ‘U’ o de Alianza?

*********
La cevicheria Madison es una casona pintada de blanco con anuncios de Pilsen Trujillo en la esquina de la Avenida España y la calle Almagro. Habia esperado encontrar alguna foto en la pared o algo que anunciara quién era el propietario del local, pero la decoración era la misma que se ve en centenares de chinganas por todo el Perú: posters de cerveza y calendarios del año con fotos de flacas en tanga.
-Perdona –le dije al flaquito que limpiaba una de las mesas-. ¿Esta es la cevichería de Orlando Romero?
El flaquito me miró de pies a cabeza sospechosamente.
-Si –contestó luego de algunos segundos.
-¿Está Don Orlando?
-Generalmente viene a eso de las doce –contesto el flaquito, mirando su reloj.
-¿Te molesta si lo espero aquí?
El flakito me indico una de las mesas y me preguntó si queria comer algo.
-¿Ya esta listo el almuerzo? –pregunté.
El flaquito me alcanzo el menu y le pedi un ceviche mixto con su respectiva Pilsen Trujillo.
-Ahí viene Don Orlando–anunció luego de unos minutos.
Al voltear hacia la entrada me encontre con un tipo cuarentón, bajito, pelado y barrigón, que caminaba apuradamente mientras le gritaba a alguien en el telefono celular. Tuve que hacer un esfuerzo tremendo para encontrarle algun parecido a Romerito, el idolo de mi infancia.
-¡Oye, carajo! –gritó Romerito-. ¡Te he dicho miles de veces que saques el cartel con el menu antes de las doce! ¿No ves que si no lo lee la gente no va a saber que estamos abiertos? ¡Que inútil eres, carajo!
El flaquito se apuro en sacar el pizarron del menu a la calle, mientras Romerito se sentaba en una de las mesas y revisaba unos papeles.
-¡Oye Rafael! –grito-. ¡Ven acá, carajo!
El flaquito, atemorizado, se acerco a Romerito.
-¿Dónde está el recibo del ceviche y la cerveza que le has servido a ese cliente?
-Todavia no paga la cuenta. Pense que me dijo que sólo dé recibos si me los pedían.
-¡Que huevon que eres, carajo! ¡Te he dicho siempre que lo primero que tienes que hacer es dar recibo! ¡Sobretodo si el cliente es desconocido! Todos los dias hay inspeccion de la Sunat por aquí. ¿Bien inútil eres, no, huevon?
Yo miraba la escena desde unos diez metros, totalmente desilusionado. ¿Este tipo que humillaba a la gente y vivia aterrorizado por la Sunat era mi idolo de infancia? ¿Qué clase de país es el mío que vuelve a la gente hostil y desconfiada?
De pronto, el flaquito apunto hacia mi mesa y Romerito me echó un vistazo. Seguro le estaba diciendo que yo había preguntado por él. Romerito se puso de pie y se encaminó hacia mi mesa, con expresion matonesca.
-¿Tú quieres hablar conmigo? –dijo, no se si preguntando o gritando.
-No –contesté-. Le confundí con otra persona.
-Carajo... –dijo Romerito, dándose la vuelta y enfilando hacia la cocina. Después de unos silenciosos minutos yo acabé mi ceviche y mi chela y le pedi la cuenta al flaquito. Mientras el patín traía el vuelto saque el tubo de carton con el cartel que habia comprado
en Nueva York. Las ganas de hacerselo firmar a Romerito se habian evaporado hacia rato...
-Causa –dije, dejando el tubo sobre la mesa- ¿Esta es tu propina, ok?
-Gracias –dijo el mosaico, confundido.
Al salir del restaurante di la vuelta y vi al flaquito sosteniendo el cartel entre las manos, observándolo detenidamente. Seguro se estaba haciendo la misma pregunta que yo: si ese Orlando Romero del poster era el mismo tipo para el que trabajaba...
Esa noche regresé a la calle del restaurante de Romerito, pero no fui a su local sino a la estacion de Ormeño que quedaba media cuadra mas abajo. Mientras mataba el tiempo antes de subirme al bus que me llevaria a Chiclayo, me puse a pensar como era posible que el tiempo pudiera cambiar tanto a la gente. Tal vez el energúmeno de aquel restaurante haya sido el único peruano que ha disputado un titulo mundial de boxeo en el Madison Suqare Garden, pero yo prefiero quedarme con la memoria del Romerito de mi infancia, aquel patita del barrio trujillano de la Soledad que una noche de setiembre de 1983 me hizo pensar que tal vez era posible, con dedicación y tenacidad, hacer que los sueños se conviertan en realidad...

Saturday, June 18, 2005

La Teoría del Buen Salvaje

DEL BUEN SALVAJE AL BUEN REVOLUCIONARIO:
GUÍA PRÁCTICA PARA ARRASAR CON LAS GRINGAS EUROPEAS
Este blog esta dedicado a la memoria de Carlos Rangel, uno de los pensadores latinoamericanos mas importantes de todos los tiempos…

Antes de empezar, quisiera hacer una pequeña aclaración. La primera parte del título de este blog pertenece a un libro de Carlos Rangel, un periodista venezolano que falleció hace varios años. ”Del buen salvaje al buen revolucionario” fue uno de los pocos libros que leí que me abrieron los ojos, y se lo recomiendo a todos. En mi modesta opinion, este libro, junto al “Manual del Perfecto Idiota Latinoamericano”, es lo mejor que se ha escrito sobre la historia y el devenir de nuestras sociedades latinoamericanas, y ambos son indispensables para entender sin fábulas ni conspiraciones el paupérrimo estado en el que se encuentran nuestros países… Ahora si, sin más ni más, empezemos con el blog…

Cuando empecé a mochilear por Europa, allá por el verano septentrional de 1995, ignoraba muchísimas cosas acerca del viejo continente. Mi ignorancia era comprensible; después de todo, siempre había vivido en países en los que predominaba un solo idioma y una sola cultura, y no estaba ni remotamente listo para la enorme variedad de lenguas y costumbres con las que se topa uno cuando mochilea por el viejo mundo. Nunca había escuchado a nadie hablar holandés, noruego o danés, nunca había visto a nadie comer caracoles o enrollar sus propios cigarillos, y tontamente asumía que los gringos europeos eran iguales a los gringos que había conocido cuando estudiaba en los Estados Unidos. Después de todo, los dos tenían ojos claros y cabello rubio, ¿no?

Viajar por tren en Europa es una experiencia extraordinaria; las ciudades europeas no fueron construidas para automóviles como muchas ciudades del sur norteamericano, y por eso el transporte público es excelente. Las estaciones de tren están en la gran mayoría de los casos en el mismo centro de la ciudad, y conectan directamente con el metro y las principales líneas de autobús. Supongo que es por eso que siempre están llenas de gente, y supongo que es por eso también que allí se encuentran los músicos callejeros, tocando duro y parejo sus huaynos y sayas por unas moneditas que les dejan los transeúntes. Lo primero que me llamó la atención de estos músicos es que son, en su gran mayoría, patitas de apariencia indígena de Perú, Ecuador o Bolivia, y lo segundo que me llamó la atención fue que estaban –literalmente- rodeados de gringas. En mis varios paseos en tren por los Estados Unidos nunca me había topado con un guitarrista callejero perucho o con una gringa americana que disfrutara de su “Saya para mi negrita” o su “Mambo de Huachamay”, pero en el Viejo Mundo eso se veía en todas partes, desde Madrid hasta Berlín, pasando por París, Amsterdam, Bruselas, y todos los etcéteras que quieran…

Para mí, aquel espectáculo era surreal; mis compatriotas tocaban sus huaynitos rodeados de guapas gringas que bailaban y aplaudían, y luego del show se iban todos juntos agarraditos de las manos. Mientras observaba boquiabierto a esas altas europeas afanar y levantarse a mis machucados patines, yo pensaba: “He llegado al paraiso… a estas gringas les gustan los peruchos…!”

Rápidamente, empecé a recordar mis clases de matemáticas en la universidad, y me senté en un café a hacer un análisis de la situación y un cálculo de posibilidades y probabilidades. "Si estas gringas se les regalan fácil nomás a estos peruchos chatos y autóctonos, que no hablaban sus idiomas y se tenian que ganar la vida tocando guitarra en la calle -pensaba yo- que cosa me harian a mí?" Después de todo, yo no era como estos peruchos. Yo venía de terminar la universidad en los Estados Unidos, yo chamullaba mi inglés, mi francés y un poquito de alemán, yo sabía cómo funcionaba el mundo y podía conversar de historia, arte o filosofía, y, por si fuera poco, yo no era un chato de metro y medio, sino que me defendía con mi metro ochenta. “Ni hablar del peluquín” concluía en esos momentos. “En cuanto estas gringas me conozcan chotean a los guitarristas y yo mismo soy”…

Esa misma tarde, ilusionado y envalentonado, me encaminé a la Centraal Staation de Eindhoven a esperar que lleguen los músicos callejeros. Los patitas llegaron a eso de las cinco, antes de que empiece la hora punta en la que la gente sale de sus chambas. Los patitas que llegaron aquella tarde a la estación eran un quinteto de boliches vestidos en ponchos y sandalias, que sin prisa ni pausa empezaron a acomodar sus instrumentos y alistarse para el concierto. Uno de los patitas puso en el piso un estuche de violín con algunas monedas para que la gente ponga sus donaciones, y se pusieron a tocar...

A los cinco minutos la gente se empezó a congregar a su alrededor. A los diez minutos, tenían una respetable audiencia de veinte personas, y poco a poco empezaron a llegar las chiquillas holandesas. Al principio los miraban con curiosidad; luego se soltaban poco a poco y empezaban a acompañar la música con palmadas y uno que otro bailecito. Luego, las más mandadas se acercaban a los boliches y les empezaban a hacer conversación. Esos boliches debían de haber estado acostumbrados al asunto, porque apenas si le hacían caso a las flaquitas, ignorándolas a medias y botándose como buenos. Yo miraba la escena atónito y boquiabierto, pensando que estos minúsculos y sudorosos boliches que hipnotizaban a las gringas con sus guitarras y sus tambores eran la version contemporánea del flautista de Hamelin…

Al toque nomás decidí aprovechar mi autóctona oportunidad, y me acerqué a una gringa buenamoza que se movía a los acordes de una saya pegajosa.

-Hola –la aborde en inglés- ¿Te gusta la musica andina? Es la musica tipica de mi país.
La flaca ni caso me hizo.
-Soy peruano –insistí-. Esa banda me recuerda a mi país.
-Tú no eres peruano –contestó la flaca-. No sé lo que serás, pero peruano no eres.
-¡Claro que soy peruano! -repliqué-. ¿Por qué dices eso?
-El sábado pasado unos chicos peruanos estuvieron tocando aquí. Tú no te pareces en nada a ellos.
-Es que ellos son de la sierra y yo soy de Lima. Además, los peruanos somos-
La flaca me dejo hablando y se fue al otro lado de ese callejero escenario para seguir escuchando la música, y yo me retiré con el rabo entre las piernas a observar el concierto desde una distancia prudencial. "¿Cómo puede decir esa flaca que no soy perucho?", me preguntaba mientras los boliches seguían dándole duro a sus quenas y tambores...

Veinte minutos mas tarde el concierto terminaría, y los boliches recogerían sus monedas y uno que otro billete. Luego de acomodar sus cosas, los boliches se perderían entre la gente bien acompañados de algunas gringas espectadoras. Durante los siguientes días intentaría la misma aproximación en Leiden y Maastricht, pero los resultados serían iguales. Las rubias holandesas no me daban bola, pero a estos patitas se los levantaban en vilo. Era obvio que algo pasaba conmigo; era obvio que tenía que reconsiderar mi estrategia.

Caballero nomas, me subí al tren Thalys hacia París, donde observé el mismo comportamiento en las flacas parisinas. No solamente se levantaban músicos callejeros, sino que en los parques se levantaban tambien a esos patitas con aspecto de indocumentados que repartían volantes, vociferaban discursos callejeros, y hacian colectas para sostener la lucha armada en Perú, Colombia o México. ¿Qué xuxa pasaba?

Fue entonces que recordé aquel libro de Carlos Rangel. El libro lo habia leído hacía tiempo, así que me encaminé presuroso a la biblioteca municipal de Montparnasse para ver si tenían el libro y refrescar la memoria…

Rangel explica, con toda la razón del mundo, que los europeos son fundamentalmente diferentes a los gringos americanos con los que yo había convivido durante los pasados tres años. Los europeos son mas pensátivos y análiticos, y son infinitamente mas cosmopolitas y despiertos hacia lo que sucede fuera de sus países. El noreuropeo promedio chamulla de tres idiomas para arriba sin problema alguno, y –aunque ud. no lo crea- en algunos paises los colegiales todavía aprenden latín, ya que el saber esa antigua lengua los prepara para dominar fácilmente el italiano, castellano, francés, portugués o alguna otra lengua latina. A diferencia de los colegiales americanos, los europeos reciben una educacion mas bien clásica y “memorística”, similar a la que recibimos los colegiales peruanos (después de todo, nuestra cultura tiene algo de europea, ¿no?). Es fácil toparse con una chica europea y admirarse de cuánto sabe acerca de los incas, los khmer o los swahili, pero me pregunto si existirá la colegiala estadounidense capaz de señalar en un mapa dónde está el Cusco, Timbuktú o Katmandú…

Para nadie es un secreto que Europa ha sido la cuna de la civilización moderna. Es de Europa de donde han salido las ideas y corrientes de pensamiento que han sido la base de la cultura occidental. El capitalismo, la revolución francesa, la revolucion industrial, el modernismo… todas estas ideas e ideologías se plasmaron primero en Europa antes de ser llevadas por los europeos a los cuatro rincones del planeta. Esto es motivo de orgullo para muchos europeos, pero también es motivo de vergüenza. Digo esto porque, además de las ideas ya mencionadas, de Europa también salieron conceptos e ideologias menos provechosas y algo más destructivas, tales como el comunismo, el fascismo, el racismo, el nacionalismo, y el colonialismo…

Según Rangel, los europeos modernos tienen una visión del mundo al mismo tiempo orgullosa y culpable. Orgullosa, porque se saben los fundadores de la cultura occidental, y culpable porque creen que la colonización que ejercieron sobre el mundo “impidió” a otros pueblos –indios, negros, amarillos, etc- alcanzar sus propios ideales y objetivos sociales, y desarrollar su propia identidad cultural. Es por esto que muchos europeos cosmopolitas y “liberales”, en su afán de “enmendar errores e injusticias del pasado”, se convierten en defensores a capa y espada de la preservación de esas milenarias culturas “autóctonas” (¿alguno de ustedes ha pensado ya en Eliane Karp de Toledo?), y es por eso tambien que muchos europeos apoyan inocentemente la causa de nuestros terrucos latinoamericanos, los cuales –recontra moscas- se las ingenian siempre para darle un componente racial y cultural a sus travesuras. Debido a esto último, nuestros terrucos en Europa dejan de ser llamados así y pasan a ser “guerrilleros” o “combatientes por la libertad”.

Ya sé que en estos momentos mis causas se estarán preguntando “¿Por qué no me explica este won de una buena vez como agarrar gringas en Europa?” Paciencia, mis pequeños saltamontes… la explicacion viene ya, Lo que pasa es que primero tenía que establecer el marco teorico…

Para las gringas “liberales” europeas, los indígenas latinoamericanos que ven tocando guitarra en la calle –o los cocorocos africanos o los refugiados de Camboya o Myanmar- son gente que representa la verdadera cultura autóctona de sus países, claros ejemplos de gente “pura” y “diáfana” que no ha sido contaminada por la cultura del hombre blanco, una cultura que, según ellas, se ha caracterizado a lo largo de la historia por conquistar, esclavizar, y exterminar a diferentes pueblos por todo el mundo. Para estas gringas europeas liberales un perucho en su poncho y sandalias representa un mundo más noble y equitativo, un mundo donde la gente vive sus vidas solidaria e inocentemente, sin ninguna de las presiones y complicaciones del corrupto mundo moderno y “europeo”. Muchas de estas europeas creen esto de manera ciega y dogmática, y muchas de ellas, como pude comprobar con mis propios ojos, se terminan levantando a los representantes de alguna raza “autóctona” que encuentran muchas veces tocando la guitarra en parques y estaciones de tren por toda Europa.

Cuando aquella gringa holandesa me dijo “no sé que seras, pero peruano no eres”, tenía toda la razón, según su punto de vista. Yo no estaba vestido en sandalias ni poncho ni cantaba canciones en quechua, así que para ella yo era un sell-out, un confundido, un lacayo, un alienado que le hablaba en inglés con un “annoying American accent” y que tontamente imitaba a los gringos en mi manera de vestir y mi comportamiento. Para aquella gringa holandesa yo traicionaba a mi cultura y a mi milenaria civilización, y aquellos peruchos “autóctonos” y genuinos que tocaban sus huaynos en la estacion del tren le resultaban muchísimo más atractivos que yo…

Esa tarde, al cerrar el libro de Rangel, comprendí claramente por qué fallaba mi estrategia con las gringas. No era que a las gringas europeas no le gustaban los peruchos; lo que pasaba era que no le gustaban los peruchos bambeados y “americanizados”. Fue así que nuevamente me fui a sentar a otro café, esta vez con la idea de escribir cuáles deberian ser mis pautas de comportamiento para la próxima vez que me encuentre con una de estas gringas. A la lista que escribí aquella tarde le puse “los 5 mandamientos para los peruchos que la quieren pasar bien en Europa”, y dice así:

1. Jamás –jamás- te aproximes a una gringa y le hables en ingles. Para las gringas europeas, la señal mas clara de que eres un sell-out y un lacayo delimperialismo yanqui es que dominas el lenguaje de Shakespeare.
2. Cuando te aproximes a una gringa europea, asegúrate de no levar encima zapatillas Nike, camisas de The Gap, o que tu mochila sea Jannsport o Eastpak. El llevar encima alguno de estos productos les indica a gritos que no eres un inocente flaquito explotado por el imperialismo consumista del hombre blanco, sino que eres un alienado y prisionero mental del consumismo estadounidense.
3. Asegúrate de mostrar tu solidaridad con Sendero Luminoso, el MRTA, los Zapatistas, o cualquier grupo terruco que esté de moda en las noticias. Estas gringas estan convencidas de que nuestros terrucos asesinan policías y causan tremendos daños porque tienen el celestial objetivo de construir una sociedad más justa y equitativa, así que si les dices que estos patitas son unos asesinos las gringas no van a soltar el choro.
4. Jamás digas que eres un perucho de clase media o que conoces los Estados Unidos; siempre di que ésa es la primera vez que sales de tu país. Para las gringas europeas, las clases medias latinoamericanas son los agentes del imperialismo en sus propios países, ya que explotan a sus indígenas y aborígenes, les roban sus recursos naturales, y los obligan a traicionar a sus culturas nativas bajo el cuento de una “modernización” que solamente beneficia a la gente de las zonas urbanas.
5. Apréndete, antes de ir a Europa, la letra de algunos cuantos huaynos o algunas palabras en quechua. Pocas cosas convencen más a estas flacas de tu "verdadera identidad" que escucharte hablar en algún idioma nativo o bailar como se debe algun huaynito o una saya.

Toda teoría, para ser reconocida como tal, debe ser debidamente confrontada con la realidad. Así que, ni corto ni perezoso, me fui a la Gare du Nord de París y abordé otro tren de regreso a los Países Bajos. Mi primera parada fue en Brugge (creo que en castellano le decimos Brujas), donde a la salida de la estacion de tren me topé con una manifestación de estudiantes peruchos simpatizantes de Sendero Luminoso que protestaban contra la venta a la Shell del gas de Camisea. Los flaquitos marchaban con sus pancartas y gritaban consignas contra el capitalismo salvaje, y las flaquitas ya se empezaban a agrupar a su alrededor. Yo miraba la marcha desde una distancia prudencial, cuando de pronto una simpática flaca un poquito mas alta que yo me cogió del brazo y me dijo lo siguiente en un castellano elemental pero entendible:

-¿Eres peruano tú también?
-Sí.
-¿Estás de acuerdo con lo que la Shell esta haciendo en tu país?
-No estoy de acuerdo –mentí-. Lo que la Shell está haciendo me parece un crimen y un verdadero atentado contra mis hermanos en la selva.
La flaca sonrió y me empezó a mirar curiosamente.
-¿De qué parte del Perú eres?
-Soy del Cusco.
-¿De la capital del imperio inca?
-Así es. Nací muy cerca de la fortaleza de Sacsayhuaman. ¿Conoces?
-No conozco, pero me muero por conocer. ¿Me cuentas algo mas del Perú…?

Después de dos intensos días de full amor libre, me despedí de la flaca y me subí a otro tren a seguir dando vueltas a Europa y a probar mi nueva teoría, la cual demostraría su validez una y otra y otra vez. Ahora ya han pasado los años y soy un patín felizmente casado, fiel y leal, pero la teoría del buen salvaje sigue vigente y desde estas líneas se la paso a mis compatriotas para que superen mis marcas. Y cuando algún perucho se sirva de mi teoria para arrasar con un pelotón de gringas europeas “autóctonas”, que no me lo agradezca a mi; que se lo agradezca más bien a Don Carlos Rangel…