Antihéroe y los Hooligans del Cusco
Viví en el Cusco durante once meses entre 1996 y 1997, enseñando inglés en Excel y editando la sección de noticias locales en un diario de la ciudad imperial. Fueron días lentos y divertidos; por las mañanas tenía una veintena de estudiantes ávidos de aprender inglés para trabajar en hoteles y agencias de turismo de la zona, y por las tardes me dedicaba a mandonear y maltratar a los tres reporteros que cubrian la zona céntrica de la ciudad. No me pagaban gran cosa en el diario pero, seamos sinceros, tampoco había gran cosa que hacer.
Una de las cosas que me gustaba de mi trabajo en el diario era recorrer casi a diario las tres comisarías del centro de la ciudad, buscando algo llamativo para la primera plana del día siguiente (el Sr. Santisteban, dueño del diario, pensaba acertadamente que los asaltos y accidentes vendían más periódicos). Fue así como durante un tiempo me hice conocido entre los policías del Cusco, y fue así como llegué a conocer al teniente Heraclio Cárdenas, un cajamarquino de fácil sonrisa que había ingresado a la policía después de darse de baja en el ejército, y que tenía a su cargo el turno diurno de la comisaría del distrito de Wanchaq.
Conversando con Heraclio aprendí más acerca del Perú de lo que hubiera aprendido leyendo decenas de ejemplares de Caretas o El Comercio. Y es que Heraclio, a sus 28 años, había pasado buena parte de su vida adulta combatiendo terroristas primero y delincuentes después. El patita había luchado contra Sendero en Ayacucho y el Alto Huallaga, y contaba sus historias de enfrentamientos y balaceras con la misma naturalidad con la que otros cuentan lo que pasó en la fiesta del sábado o en la cafetería de la universidad. Casi todas las tardes de domingo las pasábamos frente a la comisaría, en un restaurante en el que, con un par de cervecitas, conversábamos acerca de todo un poco: Heraclio siempre preguntándome acerca de cómo era la vida en USA o en Europa, y yo interrogándolo acerca de Abimael y sus muchachos. Mientras más historias me contaba, más gratitud y envidia sana sentía yo hacia aquel flaquito de aspecto bonachón y sonrisa contagiosa. Cómo no sentir gratitud hacia el patín… después de todo, mientras yo había estado en USA refilando gringas cabeza huecas a diestra y siniestra, el había pasado sus días en la selva del Marañón, defendiendo a balazos esa democracia que no sabemos aprovechar. De todas los comentarios que le escuché a Heraclio, el comentario que más recuerdo fue la respuesta que me dio cuando le pregunte qué le pasaba por la cabeza cuando se jugaba la vida patrullando la selva de Huanuco en busca de terrucos. “Juan –me dijo-, nunca sentí odio hacia aquellos a los que combatia en la ceja de selva, pero esos blanquiñosos de Lima, a los que supuestamente protegía, siempre me tratan con desprecio cada vez que voy alla. A esos si les tengo hambre…”
En fin, el asunto es que una tarde de domingo a eso de las cinco y media Heraclio y yo estábamos conversando en el restaurante al frente de la comisaría, cuando de pronto regresó la vieja camioneta que había ido al estadio Garcilaso a garantizar la seguridad ciudadana en el partido del Cienciano frente al Alianza Atletico de Sullana. En la parte de atrás de la camioneta estaban sentados algunos agentes y tres gringos altos con pinta de mochileros. Los gringos se bajaron cautelosamente de la camioneta y entraron a la comisaria, escoltados por cuatro efectivos de nuestra gloriosa policía nacional.
-¿Qué pasa con los gringos? –le pregunto Heraclio al cabo que se nos acercó trayendo unos papeles y los documentos de los gringos.
-Estaban alterando el orden público, mi teniente –respondió el flaquito-. Se pusieron a echar agua a los espectadores en la tribuna norte y empezaron una pelea. Los hemos metido al “cuarto de reflexion” para que escarmienten un rato.
-¿Siguen borrachos?
-No. Creo que con el susto de traerlos aquí ya se les ha pasado la borrachera.
Heraclio revisó el parte del arresto y hojeó los pasaportes de los gringos. Los tres eran ingleses.
-Dos de ellos tienen la estadía vencida –comentó.
-¿Se les acabó la visa? –pregunté-. ¿Y ahora? ¿Qué les va a pasar?
-Nada.
-¿Nada? ¿No dices que se les venció el permiso de estar en el pais? Eso quiere decir que son ilegales, pues.
Heraclio se echó a reír.
-Tienes razón –comentó-. No lo había visto asi, pero son ilegales. Pero no te preocupes, que no les haremos nada. Es politica del gobierno el promover el turismo, así que mañana pagan su multa y se acabó.
-¿Eso es todo? Pero Heraclio, lokal, eso no está bien. Deberías de ver como nos tratan los gringos en sus países. Si a alguno de nosotros nos encuentran con la visa vencida nos tratan como delincuentes. Causa, lo mismo debe de ser aquí. ¿Dónde está el principio de reciprocidad legal entre las naciones?
-¿Reciprocidad entre las naciones? –contestó Heraclio-. Has leído muchos libros de diplomacia, Juan. Mañana cuando se les pase la borrachera los dejaremos salir. De aquí van al Banco de la Nación a pagar su multa y luego a migraciones de la Avenida del Sol a sellar el pasaporte. Asunto resuelto.
No lo podía creer... Si a mí me ampayan en Inglaterra con la visa vencida primero me arrestan, luego me humillan con preguntas irrelevantes, y por último me meten a algún calabozo con cocorocos hard-core de Jamaica o del Surinam antes de deportarme y prohibirme a perpetuidad el ingreso al país. Pero aquí, en la tierra donde nací, a estos gringos no les pasa nada. ¿En qué clase de mundo vivimos, carajo…? Esto definitivamente no podía quedar así.
-Heraclio –le dije-. Déjame hablar con ellos un rato, chochera.
-¿Quieres hablar con los gringos? ¿Para qué?
-Déjame hablar con ellos nomas…
-Lo olvidaba… ¿tú hablas ingles, no? Anda pues... Asústalos un rato. Diles que eres capitán o algo asi.
-Ok, causita - le dije, y después de revisar los documentos y el parte del arresto salí arrancado del restaurante hacia la comisaria antes de que Heraclio tuviera tiempo de cambiar de opinion.
Era una tarde tranquila y no había mayor movimiento. En la parte de atrás, casi al salir al corralón donde estacionaban los carros, estaba el famoso cuarto de reflexión, una habitación de adobe de 25 metros cuadrados, sin ventanas y con el techo de calamina. Abrí la puerta y me topé con los tres flaquitos ingleses, sentados en una banca. Los tres me miraron con una mezcla de curiosidad y desinterés.
-Muchachos… -empecé-. ¿Que tal…? Mi nombre es Juan y soy el encargado de asuntos de extranjería aquí. ¿Cómo están? ¿Los están tratando bien?
-Estamos bien –respondió el mas alto-, pero no hay mucha luz aqui.
-¿Hablas castellano, causa? Qué bacan… ¿Donde lo aprendiste?
-En Salamanca. En España.
-Me alegro de que hables mi idioma. Así van a ser más fáciles las cosas. ¿Cuál es tu nombre , lokal?
-Bryan –respondió el patin.
-Bryan… ok, Bryan… ¿de qué parte de Inglaterra eres, causa?
-De Brighton, cerca de Londres.
-Ok.. y tu amigo.. ¿cómo se llama? ¿También habla castellano?
-Mi nombre es Gareth –dijo el otro flaquito-. Y tambien hablo castellano.
-¿Gareth? ¿Ese es tu nombre, causa? Pensé que Gareth era nombre de hembra. ¿Dónde aprendiste mi idioma?
-En Guatemala.
-Muy bien –respondí, volviéndome hacia el tercer gringo-. ¿Y tú, causa? Cuál es tu nombre?
-Su nombre es Steve –contestó Bryan-. El no habla castellano.
-¿No? Qué lástima… Si hablara castellano ustedes no tendrían que traducirle nada… en fin… ahora que nos conocemos… ¿alguno de ustedes me cuenta que pasó en el estadio?
-Le pido disculpas por el alboroto –dijo Gareth, con cara de arrepentido-. Tomamos unas cuantas cervezas de más.
-Aquí en el parte del arresto dice que se desnudaron y empezaron a echarle cerveza a los aficionados. ¿Es cierto eso?
-No fue cerveza –dijo Bryan-. Fue agua.
-¿Agua? ¿Con este frío? Causa… ¿ustedes creen que estan en Wembley? ¿Creen que el estadio del Cienciano es Old Trafford? Aquí la gente va al estadio con sus familias a divertirse, lokal. ¿Que es eso de estar quitándose la ropa y echarle agua a la gente?
-Se lo repito- dijo Bryan-. Habiamos tomado unas cervezas y perdimos el control.
-Ya veo… perdieron el control…
Los gringos dijeron algo que no alcance a oír y se rieron unos segundos.
-Pero esa no es la razon por la que yo estoy aquí, causa.
Los gringos dejaron de sonreir y me miraron recelosamente.
-¿Sabían que sus permisos de turista expiraron hace casi dos semanas?
-¿Expiraron? –contestó Bryan.
-Así es, lokal... Expiraron… caducaron… se vencieron… terminaron…. El permiso tuyo y el de tu patín Gareth. Steve esta legal todavia, pero ustedes dos deberian de haber salido del pais hace doce días.
-No sabíamos eso –contestó Bryan.
-Pues ahora ya lo sabes, causa. Dime, ¿qué han estado haciendo aquí todo este tiempo? Dos meses es un buen tiempo para estar de paseo en un solo lugar. ¿No serán burriers?
-¡No, no, no! –gritó Gareth-. ¡No somos burriers! Enseñamos ingles aquí.
-¿Enseñan inglés aquí?
-Sí, en la escuela Gamarra. La del centro.
-Sí la conozco… ¿Hace cuánto tiempo, causa?
-Llevamos dos meses enseñando ahi.
-Ya veo… está bien… me hubieras dicho eso antes, pues… yo pensé que tal vez habían estado vagabundeando o haciendo algo ilícito…
-No –repuso Bryan, levantando la cabeza, y estirando el cuello-. Estuvimos enseñando ingles.
-Estuviste enseñando ingles… ya veo…. ¿Tú nomás u todos ustedes?
-Sólo Gareth y yo. Estamos tratando de educar a la gente aquí.
-¿Educar a la gente aquí?
-Sí… educar.. usted sabe… enseñarles algo….
-Te agradezco tu buena voluntad, causa. Pero… permíteme una pregunta… ¿dónde están sus permisos de trabajo?
-¿Permiso de trabajo?
-Así es. ¿No dicen que han estado trabajando aquí como instructores de inglés?
-Sí, pero…
-Entonces pe… Si son extranjeros, y quieren trabajar en el Peru, necesitan permiso de trabajo. ¿Dónde esta?
Los gringos se miraron el uno al otro durante unos segundos. Finalmente, Bryan asumió nuevamente el papel de portavoz.
-No tenemos permiso de trabajo -anunció.
-¿Perdón?
-Dije que no tene-
-A ver, a ver -le interrumpí-. Vamos a recapitular un poquito. Déjenme pensar en voz alta un rato para organizar mis ideas… Primero, exceden su estadía legal en el país. Luego se ponen a trabajar por lo bajo, sin autorización. Luego se ponen a hacer desmanes en el estadio… Ahí nomás ya tenemos tres infracciones graves. Dime causita Bryan… desde que llegaron al país han estado cometiendo infracción tras infracción. ¿Acaso creen que están por encima de nuestras leyes? ¿Quienes creen que son? ¿Acaso se consideran especiales?
-No, no... Solamente he-
-¡No me interrumpas, carajo! Aquí el que habla soy yo. Ahora dime, Bryan… ¿qué cosa haces que te convierte en especial? ¿Puedes caminar de manos? ¿Tragas fuego? ¿Haces desaparecer tigres? ¿Eres aventajado? Explícame pe.. ¿Quién crees ser para ignorar altamente las leyes de mi país?
Los flakitos me miraban boquiabiertos y en silencio. Es interesante darse cuenta de cómo un carajo bien puesto le baja los humos a la gente.
-No somos especiales –dijo Gareth después de unos segundos.
-Eso es lo que sospechaba –repuse-. ¿Entonces por que no siguen las instrucciones? ¿Por qué no saliste del país antes de que se te acaben los 45 dias?
-Le dije que no nos habíamos dado cuenta –repuso Bryan-. En todo caso, no creo que la situacion sea tan grave. Cuando estudiaba en España tambien excedí mi estadía, pero solamente tuve que pagar una pequeña multa. En el aeropuerto de Madrid hay una oficina en la que-
-¿En Madrid? –interrumpí-. ¿Has dicho Madrid? Oye compadre, cuando te bajaste del avión en el Jorge Chávez, que chucha decía el cartel que colgaba de la pared? Decia “Bienvenidos a Madrid” o “Bienvenidos al Perú”?
-“Bienvenidos al Perú”.
-Entonces pe... por qué te pones a hablar de Madrid. No mezcles chicha con limonada. No sé cómo serán las regulaciones migratorias allí, pero las de mi país están escritas claramente en el formulario que llenaste cuando ingresaste al pais. ¿Recuerdas lo que decia? ¿No? Aquí lo tengo engrapado a tu pasaporte, y dice bien claro que el gobierno peruano te autoriza a permanecer en el país en condicion de turista por un período de 45 dias, período después del cual debes de extender tu visado o salir del pais. En caso de permanecer en el país más allá del tiempo permitido pasarás a ser un indocumentado, sujeto a pena de multa y/o encarcelamiento. Está bien claro aquí, causa. Incluso lo firmaste. ¿Esta es tu firma. no?
-Sí, es mi firma.
-¿Y qué pasó entonces? ¿Acaso no sabes leer?
-No sé por qué crea tanta dificultad –repuso el flaquito, todo contestón-. Después de todo, solamen-
-Causa, contesta mi pregunta. ¿Sabes leer o no?
-Sí se leer.
-¿Entonces? ¿Qué pasó con este papel?
-No lo leí con atencion.
-No lo leíste con atencion –repetí-. Pero lo firmaste. Dime una cosa, causa. ¿Tú acostumbras firmar cosas sin leerlas?
-No.
-¿Seguro? Porque me acabas de decir que no leíste este documento.
Bryan y yo nos miramos fijamente a los ojos durante unos segundos. Por un momento pensé que iba a decir algo, pero como se quedó callado aproveche el silencio para dirigirme al tercer patin, que hasta ese momento no había dicho nada.
-Dime una cosa, Steve. ¿Cómo le dicen en Inglaterra a los patas que firman documentos sin tomarse la molestia de leerlos?
-Ya le dije que él no entiende espanol –interrumpió Gareth. Contestones habian resultado estos ingleses de mela…
-¿No entiendes español, local? Bueno… hablemos en ingles entonces… what do you Brits call someone who doesn’t read what he signs?
-What? Someone who doesn’t read what he signs?
-Yeah. What would you call someone who doesn’t bother to read what he signs?
- I’d call him a bloody moron –respondió el flakito.
-Exactamente –respondí-. Un “ bloody moron”. Eso es lo que pienso yo también.
Tan pronto los flaquitos me escucharon hablar inglés, empezaron a hablar al mismo tiempo y apresuradamente.
-Un momentito, un momentito –dije, callándolos-. No me hablen en ingles. Yo lo chamullo un poquito, pero no me gusta hablarlo los fines de semana. Cuando se dirijan a mí, que sea en castellano. Y ahora permanezcan en silencio que voy a leer estos documentos.
Pasé los proximos dos o tres minutos caminando por la celda y hojeando sus pasaportes de principio a fin, con la misma expresion de altanería y desdén con la que me habían revisado el pasaporte tantos gringos en USA y en Europa. Los flaquitos me miraban asustados y yo, para qué negarlo, disfrutaba de cada segundo… Abrí los pasaportes, rasqué las esquinas de las fotografías para comprobar que no estaban superpuestas sobre alguna otra foto, y verifiqué que las costuras que unían las páginas eran auténticas. En esos momentos pensé que, en vez de haberme ido a estudiar a USA, debería de haber postulado a la policía nacional…
Finalmente, luego de todo el teatro, me dirigí a los patitas.
-Miren muchachos. Lo que tenemos aqui es una disyuntiva. Suactitud y su permanencia en el Perú mas allá del tiempo establecido demuestra claramente el poco respeto que ustedes le tienen a las leyes de mi país. Esa falta de respeto, en mi opinión, les convierte en una amenaza para la seguridad de mis conciudadanos.
-¡¿Una amenaza?! –interrumpió Bryan-. Nosotros solamente somos turis-
-Déjame continuar, chocherita. No interrumpas que eso demuestra mala educación. Como les decía… veo dificil que puedan salir en libertad… a menos que... a menos que me garantizen de alguna manera de que no son una amenaza. A ver… ¿qué garantías me pueden dar de que van a portarse bien en mi país, si además de burlarse olímpicamente de nuestras leyes migratorias, aceptan trabajos de manera ilegal y encima se pasean calatos por el estadio?
-Le repito que fue un error –explico Gareth-. Fue una tonteria.
-¿Una tonteria, no? Bueno… la única manera como le veo una solucion a esto es que me convenzan de que ustedes no son unos delincuentes, sino que simplemente no leyeron el documento que firmaron al entrar al país, algo que suelen hacer los que son unos… como dice aqui el causa Steve…“morons”.. ¿esa es la palabra, verdad? ¿“morons”?
-Sí –contestó Gareth- Esa es la palabra.
-Bueno, aquí no decimos “morons” sino "huevones". Así que ustedes dirán. Si me dicen que no son unos ‘morons’, entonces me están confirmando que las leyes de mi país les importa un pepino, asi que no me va a quedar más remedio que detenerles hasta que alguna autoridad pertinente les venga a escoltar al aeropuerto. Por otro lado, si me dicen que solamente son unos “morons”, unos huevones que no leen lo que firman, entonces tal vez podamos mostrar algo de comprension con su situacion y su incapacidad intelectual. Ustedes dirán…
Los patitas, indecisos, se miraron uno a otro durante unos segundos, hasta que Bryan, como siempre, decidió hablar por el grupo.
-No somos ‘morons’. Es solo que no pensamos que iban a ser tan estrictos con la estadía. Como puede ver, tenemos pasajes de regreso a Heathrow el 31 de-
-Causa –interrumpí, mirándolo fijamente-, te he pedido una respuesta, no un discurso. Mi pregunta es muy simple. ¿Qué cosa eres?
El flaquito Bryan me miraba con miedo y odio a la vez. Sabía que se encontraba entre la espada y la pared, y que no le quedaba mas remedio que seguirme la corriente. Yo, por mi parte, estaba empezando a saborear el momento de la victoria.
-Soy un huevón -, murmuró finalmente, agachando la cabeza.
-¿Qué dices? No te oí bien, causa.
-Dije que soy un huevón –repitió Bryan, perfectamente audible esta vez, la palabra ‘huevón’ retumbando por toda la celda.
-Eso es lo que pensé cuando te vi, causa. ¿Y tú, Gareth? ¿Qué dices, chochera?
-Yo también.
-¿Tú también qué?
-Yo también soy un huevón.
-Ya me lo imaginaba –contesté-. ¿Y qué dice aquí el flakito Steve?
Steve miraba la escena confundido, hasta que los otros dos hooligans le explicaron rápidamente lo que estaba pasando.
-El también dice que es un huevón –anunció Gareth.
-¿Seguro? El flaquito no ha dicho nada.
-¡Yes, yes! –interrumpió Steve–. I am a… what?
-¡Huevón! –repuso Bryan-. Just tell the man that you are a huevon!
-I am a huevon too! –anunció Steve a los cuatro vientos, hinchando el pecho con orgullo anglosajón.
-Muy bien, lokal –respondí-. Ya estás aprendiendo mi idioma. Y ahora que finalmente hemos establecido que ustedes no son más que una partida de huevones que no representan un peligro para la seguridad publica de mi país, vamos a ver cómo solucionamos esta situación. Déjenme ver que podemos hacer, ¿ok? Voy a hablar con el teniente para ver cual es el procedimiento a seguir…
Salí del cuarto de reflexion y me topé con un divertido Heraclio y dos sonrientes cabos.
-Juan –me dijo Heraclio-. Te has olvidado de algo.
-¿De qué, causa?
-No les has pedido su colaboración.
-Tienes razón.
Después de esperar unos minutos entré nuevamente en la celda. Los tres gringos estaban ahi, esperandome.
-Muchachos –empecé-.Les tengo buenas noticias. He hablado con el teniente Cárdenas, y me ha dicho que esta dispuesto a pasar por alto su comportamiento en el estadio.
Los tres muchachos respiraron con alivio.
-Por mi parte, yo estoy dispuesto a dejar pasar por alto su flagrante violacion a nuestro código legal, siempre y cuando me den su palabra de que mañana pagarán las multas correspondientes en el Banco de la Nación.
-Tiene nuestra palabra –respondió Bryan.
-Así me gusta. Ustedes son unos perfectos caballeros ingleses. Ahora… ahora… tenemos un pequeño asunto que resolver.
-¿Qué pasa?
-Muchachos, me da algo de pena decirles esto… queremos hacer el parte respectivo para que vayan a pagar su multa, pero nos acabamos de dar cuenta de que no hay papel carbón ni cinta para la máquina de escribir. Sin esos materiales me temo que no podremos llenar los formularios correspondientes.
-Si me dice donde venden eso, yo los puedo comprar –anuncio Gareth, muy colaborador.
-¿Estas seguro, causa? ¿Estarías dispuesto a colaborar asi?
-¡Sí, sí! –anunciaron al unísono los dos gringos que entendian lo que hablábamos.
-Ok. Se los agradezco sinceramente. Como saben, mi pais es muy pobre, y a veces el gobierno no tiene dinero para darnos algunas cosas que necesitamos aquí. ¿Tienen papel y lápiz? ¿No? Aquí tengo un lápiz. Apunta causa… necesitamos unas… unas mil hojitas de papel A4, unas tijeras, unas diez hojas de papel carbón negro y una cinta para la máquina de escribir, marca Pelikan. Todo esto lo pueden comprar en la libreria de la esquina, en la Avenida de la Cultura. ¿Saben dónde está?
-Sí, no hay problema.
-Vayan entonces.
Los gringos se levantaron y salieron de la celda en fila india.
-Muchachos, -dije cortándoles el paso antes de que salgan de la comisaría-. Ya que están con ganas de hacer shopping, a ver si se compran unas tres Inca-Kolas, pues. Los muchachos aquí estan con sed.
-¿Tres Inca-Kolas?
-Sí, causita. ¿Y que sean de dos litros, ok? Llévense esas botellas vacías para que se las cambien en la bodega.
Los hooligans agarraron las botellas y salieron de la comisaria calladamente.
-Juan –dijo Hercalio-. Tú deberías de chambear en el aeropuerto, en inmigraciones.
-Jejeje… bueno, causa. Me tengo que ir a preparar mi clase de mañana. Nos vemos el martes. Disfruta de la Inca Kola, cortesía de los súbditos de la reina Elizabeth de Inglaterra y el Reino Unido…
Cuando salí de la comisaria ya era de noche, y el frío serrano se podia sentir hasta los huesos. Había pensado dar una vuelta por la casa de la flaca del consulado aleman para que me caliente la noche, pero como ya eran casi las ocho decidí enfilar hacia mi cuartito de la calle Suecia a ver los goles del dia en DeporTV. Lo último que recuerdo de los hooligans ingleses fue verlos caminar apuradamente hacia la librería de la señora Glendy, cada uno con una botella vacía de Inca Kola entre las manos…
Una de las cosas que me gustaba de mi trabajo en el diario era recorrer casi a diario las tres comisarías del centro de la ciudad, buscando algo llamativo para la primera plana del día siguiente (el Sr. Santisteban, dueño del diario, pensaba acertadamente que los asaltos y accidentes vendían más periódicos). Fue así como durante un tiempo me hice conocido entre los policías del Cusco, y fue así como llegué a conocer al teniente Heraclio Cárdenas, un cajamarquino de fácil sonrisa que había ingresado a la policía después de darse de baja en el ejército, y que tenía a su cargo el turno diurno de la comisaría del distrito de Wanchaq.
Conversando con Heraclio aprendí más acerca del Perú de lo que hubiera aprendido leyendo decenas de ejemplares de Caretas o El Comercio. Y es que Heraclio, a sus 28 años, había pasado buena parte de su vida adulta combatiendo terroristas primero y delincuentes después. El patita había luchado contra Sendero en Ayacucho y el Alto Huallaga, y contaba sus historias de enfrentamientos y balaceras con la misma naturalidad con la que otros cuentan lo que pasó en la fiesta del sábado o en la cafetería de la universidad. Casi todas las tardes de domingo las pasábamos frente a la comisaría, en un restaurante en el que, con un par de cervecitas, conversábamos acerca de todo un poco: Heraclio siempre preguntándome acerca de cómo era la vida en USA o en Europa, y yo interrogándolo acerca de Abimael y sus muchachos. Mientras más historias me contaba, más gratitud y envidia sana sentía yo hacia aquel flaquito de aspecto bonachón y sonrisa contagiosa. Cómo no sentir gratitud hacia el patín… después de todo, mientras yo había estado en USA refilando gringas cabeza huecas a diestra y siniestra, el había pasado sus días en la selva del Marañón, defendiendo a balazos esa democracia que no sabemos aprovechar. De todas los comentarios que le escuché a Heraclio, el comentario que más recuerdo fue la respuesta que me dio cuando le pregunte qué le pasaba por la cabeza cuando se jugaba la vida patrullando la selva de Huanuco en busca de terrucos. “Juan –me dijo-, nunca sentí odio hacia aquellos a los que combatia en la ceja de selva, pero esos blanquiñosos de Lima, a los que supuestamente protegía, siempre me tratan con desprecio cada vez que voy alla. A esos si les tengo hambre…”
En fin, el asunto es que una tarde de domingo a eso de las cinco y media Heraclio y yo estábamos conversando en el restaurante al frente de la comisaría, cuando de pronto regresó la vieja camioneta que había ido al estadio Garcilaso a garantizar la seguridad ciudadana en el partido del Cienciano frente al Alianza Atletico de Sullana. En la parte de atrás de la camioneta estaban sentados algunos agentes y tres gringos altos con pinta de mochileros. Los gringos se bajaron cautelosamente de la camioneta y entraron a la comisaria, escoltados por cuatro efectivos de nuestra gloriosa policía nacional.
-¿Qué pasa con los gringos? –le pregunto Heraclio al cabo que se nos acercó trayendo unos papeles y los documentos de los gringos.
-Estaban alterando el orden público, mi teniente –respondió el flaquito-. Se pusieron a echar agua a los espectadores en la tribuna norte y empezaron una pelea. Los hemos metido al “cuarto de reflexion” para que escarmienten un rato.
-¿Siguen borrachos?
-No. Creo que con el susto de traerlos aquí ya se les ha pasado la borrachera.
Heraclio revisó el parte del arresto y hojeó los pasaportes de los gringos. Los tres eran ingleses.
-Dos de ellos tienen la estadía vencida –comentó.
-¿Se les acabó la visa? –pregunté-. ¿Y ahora? ¿Qué les va a pasar?
-Nada.
-¿Nada? ¿No dices que se les venció el permiso de estar en el pais? Eso quiere decir que son ilegales, pues.
Heraclio se echó a reír.
-Tienes razón –comentó-. No lo había visto asi, pero son ilegales. Pero no te preocupes, que no les haremos nada. Es politica del gobierno el promover el turismo, así que mañana pagan su multa y se acabó.
-¿Eso es todo? Pero Heraclio, lokal, eso no está bien. Deberías de ver como nos tratan los gringos en sus países. Si a alguno de nosotros nos encuentran con la visa vencida nos tratan como delincuentes. Causa, lo mismo debe de ser aquí. ¿Dónde está el principio de reciprocidad legal entre las naciones?
-¿Reciprocidad entre las naciones? –contestó Heraclio-. Has leído muchos libros de diplomacia, Juan. Mañana cuando se les pase la borrachera los dejaremos salir. De aquí van al Banco de la Nación a pagar su multa y luego a migraciones de la Avenida del Sol a sellar el pasaporte. Asunto resuelto.
No lo podía creer... Si a mí me ampayan en Inglaterra con la visa vencida primero me arrestan, luego me humillan con preguntas irrelevantes, y por último me meten a algún calabozo con cocorocos hard-core de Jamaica o del Surinam antes de deportarme y prohibirme a perpetuidad el ingreso al país. Pero aquí, en la tierra donde nací, a estos gringos no les pasa nada. ¿En qué clase de mundo vivimos, carajo…? Esto definitivamente no podía quedar así.
-Heraclio –le dije-. Déjame hablar con ellos un rato, chochera.
-¿Quieres hablar con los gringos? ¿Para qué?
-Déjame hablar con ellos nomas…
-Lo olvidaba… ¿tú hablas ingles, no? Anda pues... Asústalos un rato. Diles que eres capitán o algo asi.
-Ok, causita - le dije, y después de revisar los documentos y el parte del arresto salí arrancado del restaurante hacia la comisaria antes de que Heraclio tuviera tiempo de cambiar de opinion.
Era una tarde tranquila y no había mayor movimiento. En la parte de atrás, casi al salir al corralón donde estacionaban los carros, estaba el famoso cuarto de reflexión, una habitación de adobe de 25 metros cuadrados, sin ventanas y con el techo de calamina. Abrí la puerta y me topé con los tres flaquitos ingleses, sentados en una banca. Los tres me miraron con una mezcla de curiosidad y desinterés.
-Muchachos… -empecé-. ¿Que tal…? Mi nombre es Juan y soy el encargado de asuntos de extranjería aquí. ¿Cómo están? ¿Los están tratando bien?
-Estamos bien –respondió el mas alto-, pero no hay mucha luz aqui.
-¿Hablas castellano, causa? Qué bacan… ¿Donde lo aprendiste?
-En Salamanca. En España.
-Me alegro de que hables mi idioma. Así van a ser más fáciles las cosas. ¿Cuál es tu nombre , lokal?
-Bryan –respondió el patin.
-Bryan… ok, Bryan… ¿de qué parte de Inglaterra eres, causa?
-De Brighton, cerca de Londres.
-Ok.. y tu amigo.. ¿cómo se llama? ¿También habla castellano?
-Mi nombre es Gareth –dijo el otro flaquito-. Y tambien hablo castellano.
-¿Gareth? ¿Ese es tu nombre, causa? Pensé que Gareth era nombre de hembra. ¿Dónde aprendiste mi idioma?
-En Guatemala.
-Muy bien –respondí, volviéndome hacia el tercer gringo-. ¿Y tú, causa? Cuál es tu nombre?
-Su nombre es Steve –contestó Bryan-. El no habla castellano.
-¿No? Qué lástima… Si hablara castellano ustedes no tendrían que traducirle nada… en fin… ahora que nos conocemos… ¿alguno de ustedes me cuenta que pasó en el estadio?
-Le pido disculpas por el alboroto –dijo Gareth, con cara de arrepentido-. Tomamos unas cuantas cervezas de más.
-Aquí en el parte del arresto dice que se desnudaron y empezaron a echarle cerveza a los aficionados. ¿Es cierto eso?
-No fue cerveza –dijo Bryan-. Fue agua.
-¿Agua? ¿Con este frío? Causa… ¿ustedes creen que estan en Wembley? ¿Creen que el estadio del Cienciano es Old Trafford? Aquí la gente va al estadio con sus familias a divertirse, lokal. ¿Que es eso de estar quitándose la ropa y echarle agua a la gente?
-Se lo repito- dijo Bryan-. Habiamos tomado unas cervezas y perdimos el control.
-Ya veo… perdieron el control…
Los gringos dijeron algo que no alcance a oír y se rieron unos segundos.
-Pero esa no es la razon por la que yo estoy aquí, causa.
Los gringos dejaron de sonreir y me miraron recelosamente.
-¿Sabían que sus permisos de turista expiraron hace casi dos semanas?
-¿Expiraron? –contestó Bryan.
-Así es, lokal... Expiraron… caducaron… se vencieron… terminaron…. El permiso tuyo y el de tu patín Gareth. Steve esta legal todavia, pero ustedes dos deberian de haber salido del pais hace doce días.
-No sabíamos eso –contestó Bryan.
-Pues ahora ya lo sabes, causa. Dime, ¿qué han estado haciendo aquí todo este tiempo? Dos meses es un buen tiempo para estar de paseo en un solo lugar. ¿No serán burriers?
-¡No, no, no! –gritó Gareth-. ¡No somos burriers! Enseñamos ingles aquí.
-¿Enseñan inglés aquí?
-Sí, en la escuela Gamarra. La del centro.
-Sí la conozco… ¿Hace cuánto tiempo, causa?
-Llevamos dos meses enseñando ahi.
-Ya veo… está bien… me hubieras dicho eso antes, pues… yo pensé que tal vez habían estado vagabundeando o haciendo algo ilícito…
-No –repuso Bryan, levantando la cabeza, y estirando el cuello-. Estuvimos enseñando ingles.
-Estuviste enseñando ingles… ya veo…. ¿Tú nomás u todos ustedes?
-Sólo Gareth y yo. Estamos tratando de educar a la gente aquí.
-¿Educar a la gente aquí?
-Sí… educar.. usted sabe… enseñarles algo….
-Te agradezco tu buena voluntad, causa. Pero… permíteme una pregunta… ¿dónde están sus permisos de trabajo?
-¿Permiso de trabajo?
-Así es. ¿No dicen que han estado trabajando aquí como instructores de inglés?
-Sí, pero…
-Entonces pe… Si son extranjeros, y quieren trabajar en el Peru, necesitan permiso de trabajo. ¿Dónde esta?
Los gringos se miraron el uno al otro durante unos segundos. Finalmente, Bryan asumió nuevamente el papel de portavoz.
-No tenemos permiso de trabajo -anunció.
-¿Perdón?
-Dije que no tene-
-A ver, a ver -le interrumpí-. Vamos a recapitular un poquito. Déjenme pensar en voz alta un rato para organizar mis ideas… Primero, exceden su estadía legal en el país. Luego se ponen a trabajar por lo bajo, sin autorización. Luego se ponen a hacer desmanes en el estadio… Ahí nomás ya tenemos tres infracciones graves. Dime causita Bryan… desde que llegaron al país han estado cometiendo infracción tras infracción. ¿Acaso creen que están por encima de nuestras leyes? ¿Quienes creen que son? ¿Acaso se consideran especiales?
-No, no... Solamente he-
-¡No me interrumpas, carajo! Aquí el que habla soy yo. Ahora dime, Bryan… ¿qué cosa haces que te convierte en especial? ¿Puedes caminar de manos? ¿Tragas fuego? ¿Haces desaparecer tigres? ¿Eres aventajado? Explícame pe.. ¿Quién crees ser para ignorar altamente las leyes de mi país?
Los flakitos me miraban boquiabiertos y en silencio. Es interesante darse cuenta de cómo un carajo bien puesto le baja los humos a la gente.
-No somos especiales –dijo Gareth después de unos segundos.
-Eso es lo que sospechaba –repuse-. ¿Entonces por que no siguen las instrucciones? ¿Por qué no saliste del país antes de que se te acaben los 45 dias?
-Le dije que no nos habíamos dado cuenta –repuso Bryan-. En todo caso, no creo que la situacion sea tan grave. Cuando estudiaba en España tambien excedí mi estadía, pero solamente tuve que pagar una pequeña multa. En el aeropuerto de Madrid hay una oficina en la que-
-¿En Madrid? –interrumpí-. ¿Has dicho Madrid? Oye compadre, cuando te bajaste del avión en el Jorge Chávez, que chucha decía el cartel que colgaba de la pared? Decia “Bienvenidos a Madrid” o “Bienvenidos al Perú”?
-“Bienvenidos al Perú”.
-Entonces pe... por qué te pones a hablar de Madrid. No mezcles chicha con limonada. No sé cómo serán las regulaciones migratorias allí, pero las de mi país están escritas claramente en el formulario que llenaste cuando ingresaste al pais. ¿Recuerdas lo que decia? ¿No? Aquí lo tengo engrapado a tu pasaporte, y dice bien claro que el gobierno peruano te autoriza a permanecer en el país en condicion de turista por un período de 45 dias, período después del cual debes de extender tu visado o salir del pais. En caso de permanecer en el país más allá del tiempo permitido pasarás a ser un indocumentado, sujeto a pena de multa y/o encarcelamiento. Está bien claro aquí, causa. Incluso lo firmaste. ¿Esta es tu firma. no?
-Sí, es mi firma.
-¿Y qué pasó entonces? ¿Acaso no sabes leer?
-No sé por qué crea tanta dificultad –repuso el flaquito, todo contestón-. Después de todo, solamen-
-Causa, contesta mi pregunta. ¿Sabes leer o no?
-Sí se leer.
-¿Entonces? ¿Qué pasó con este papel?
-No lo leí con atencion.
-No lo leíste con atencion –repetí-. Pero lo firmaste. Dime una cosa, causa. ¿Tú acostumbras firmar cosas sin leerlas?
-No.
-¿Seguro? Porque me acabas de decir que no leíste este documento.
Bryan y yo nos miramos fijamente a los ojos durante unos segundos. Por un momento pensé que iba a decir algo, pero como se quedó callado aproveche el silencio para dirigirme al tercer patin, que hasta ese momento no había dicho nada.
-Dime una cosa, Steve. ¿Cómo le dicen en Inglaterra a los patas que firman documentos sin tomarse la molestia de leerlos?
-Ya le dije que él no entiende espanol –interrumpió Gareth. Contestones habian resultado estos ingleses de mela…
-¿No entiendes español, local? Bueno… hablemos en ingles entonces… what do you Brits call someone who doesn’t read what he signs?
-What? Someone who doesn’t read what he signs?
-Yeah. What would you call someone who doesn’t bother to read what he signs?
- I’d call him a bloody moron –respondió el flakito.
-Exactamente –respondí-. Un “ bloody moron”. Eso es lo que pienso yo también.
Tan pronto los flaquitos me escucharon hablar inglés, empezaron a hablar al mismo tiempo y apresuradamente.
-Un momentito, un momentito –dije, callándolos-. No me hablen en ingles. Yo lo chamullo un poquito, pero no me gusta hablarlo los fines de semana. Cuando se dirijan a mí, que sea en castellano. Y ahora permanezcan en silencio que voy a leer estos documentos.
Pasé los proximos dos o tres minutos caminando por la celda y hojeando sus pasaportes de principio a fin, con la misma expresion de altanería y desdén con la que me habían revisado el pasaporte tantos gringos en USA y en Europa. Los flaquitos me miraban asustados y yo, para qué negarlo, disfrutaba de cada segundo… Abrí los pasaportes, rasqué las esquinas de las fotografías para comprobar que no estaban superpuestas sobre alguna otra foto, y verifiqué que las costuras que unían las páginas eran auténticas. En esos momentos pensé que, en vez de haberme ido a estudiar a USA, debería de haber postulado a la policía nacional…
Finalmente, luego de todo el teatro, me dirigí a los patitas.
-Miren muchachos. Lo que tenemos aqui es una disyuntiva. Suactitud y su permanencia en el Perú mas allá del tiempo establecido demuestra claramente el poco respeto que ustedes le tienen a las leyes de mi país. Esa falta de respeto, en mi opinión, les convierte en una amenaza para la seguridad de mis conciudadanos.
-¡¿Una amenaza?! –interrumpió Bryan-. Nosotros solamente somos turis-
-Déjame continuar, chocherita. No interrumpas que eso demuestra mala educación. Como les decía… veo dificil que puedan salir en libertad… a menos que... a menos que me garantizen de alguna manera de que no son una amenaza. A ver… ¿qué garantías me pueden dar de que van a portarse bien en mi país, si además de burlarse olímpicamente de nuestras leyes migratorias, aceptan trabajos de manera ilegal y encima se pasean calatos por el estadio?
-Le repito que fue un error –explico Gareth-. Fue una tonteria.
-¿Una tonteria, no? Bueno… la única manera como le veo una solucion a esto es que me convenzan de que ustedes no son unos delincuentes, sino que simplemente no leyeron el documento que firmaron al entrar al país, algo que suelen hacer los que son unos… como dice aqui el causa Steve…“morons”.. ¿esa es la palabra, verdad? ¿“morons”?
-Sí –contestó Gareth- Esa es la palabra.
-Bueno, aquí no decimos “morons” sino "huevones". Así que ustedes dirán. Si me dicen que no son unos ‘morons’, entonces me están confirmando que las leyes de mi país les importa un pepino, asi que no me va a quedar más remedio que detenerles hasta que alguna autoridad pertinente les venga a escoltar al aeropuerto. Por otro lado, si me dicen que solamente son unos “morons”, unos huevones que no leen lo que firman, entonces tal vez podamos mostrar algo de comprension con su situacion y su incapacidad intelectual. Ustedes dirán…
Los patitas, indecisos, se miraron uno a otro durante unos segundos, hasta que Bryan, como siempre, decidió hablar por el grupo.
-No somos ‘morons’. Es solo que no pensamos que iban a ser tan estrictos con la estadía. Como puede ver, tenemos pasajes de regreso a Heathrow el 31 de-
-Causa –interrumpí, mirándolo fijamente-, te he pedido una respuesta, no un discurso. Mi pregunta es muy simple. ¿Qué cosa eres?
El flaquito Bryan me miraba con miedo y odio a la vez. Sabía que se encontraba entre la espada y la pared, y que no le quedaba mas remedio que seguirme la corriente. Yo, por mi parte, estaba empezando a saborear el momento de la victoria.
-Soy un huevón -, murmuró finalmente, agachando la cabeza.
-¿Qué dices? No te oí bien, causa.
-Dije que soy un huevón –repitió Bryan, perfectamente audible esta vez, la palabra ‘huevón’ retumbando por toda la celda.
-Eso es lo que pensé cuando te vi, causa. ¿Y tú, Gareth? ¿Qué dices, chochera?
-Yo también.
-¿Tú también qué?
-Yo también soy un huevón.
-Ya me lo imaginaba –contesté-. ¿Y qué dice aquí el flakito Steve?
Steve miraba la escena confundido, hasta que los otros dos hooligans le explicaron rápidamente lo que estaba pasando.
-El también dice que es un huevón –anunció Gareth.
-¿Seguro? El flaquito no ha dicho nada.
-¡Yes, yes! –interrumpió Steve–. I am a… what?
-¡Huevón! –repuso Bryan-. Just tell the man that you are a huevon!
-I am a huevon too! –anunció Steve a los cuatro vientos, hinchando el pecho con orgullo anglosajón.
-Muy bien, lokal –respondí-. Ya estás aprendiendo mi idioma. Y ahora que finalmente hemos establecido que ustedes no son más que una partida de huevones que no representan un peligro para la seguridad publica de mi país, vamos a ver cómo solucionamos esta situación. Déjenme ver que podemos hacer, ¿ok? Voy a hablar con el teniente para ver cual es el procedimiento a seguir…
Salí del cuarto de reflexion y me topé con un divertido Heraclio y dos sonrientes cabos.
-Juan –me dijo Heraclio-. Te has olvidado de algo.
-¿De qué, causa?
-No les has pedido su colaboración.
-Tienes razón.
Después de esperar unos minutos entré nuevamente en la celda. Los tres gringos estaban ahi, esperandome.
-Muchachos –empecé-.Les tengo buenas noticias. He hablado con el teniente Cárdenas, y me ha dicho que esta dispuesto a pasar por alto su comportamiento en el estadio.
Los tres muchachos respiraron con alivio.
-Por mi parte, yo estoy dispuesto a dejar pasar por alto su flagrante violacion a nuestro código legal, siempre y cuando me den su palabra de que mañana pagarán las multas correspondientes en el Banco de la Nación.
-Tiene nuestra palabra –respondió Bryan.
-Así me gusta. Ustedes son unos perfectos caballeros ingleses. Ahora… ahora… tenemos un pequeño asunto que resolver.
-¿Qué pasa?
-Muchachos, me da algo de pena decirles esto… queremos hacer el parte respectivo para que vayan a pagar su multa, pero nos acabamos de dar cuenta de que no hay papel carbón ni cinta para la máquina de escribir. Sin esos materiales me temo que no podremos llenar los formularios correspondientes.
-Si me dice donde venden eso, yo los puedo comprar –anuncio Gareth, muy colaborador.
-¿Estas seguro, causa? ¿Estarías dispuesto a colaborar asi?
-¡Sí, sí! –anunciaron al unísono los dos gringos que entendian lo que hablábamos.
-Ok. Se los agradezco sinceramente. Como saben, mi pais es muy pobre, y a veces el gobierno no tiene dinero para darnos algunas cosas que necesitamos aquí. ¿Tienen papel y lápiz? ¿No? Aquí tengo un lápiz. Apunta causa… necesitamos unas… unas mil hojitas de papel A4, unas tijeras, unas diez hojas de papel carbón negro y una cinta para la máquina de escribir, marca Pelikan. Todo esto lo pueden comprar en la libreria de la esquina, en la Avenida de la Cultura. ¿Saben dónde está?
-Sí, no hay problema.
-Vayan entonces.
Los gringos se levantaron y salieron de la celda en fila india.
-Muchachos, -dije cortándoles el paso antes de que salgan de la comisaría-. Ya que están con ganas de hacer shopping, a ver si se compran unas tres Inca-Kolas, pues. Los muchachos aquí estan con sed.
-¿Tres Inca-Kolas?
-Sí, causita. ¿Y que sean de dos litros, ok? Llévense esas botellas vacías para que se las cambien en la bodega.
Los hooligans agarraron las botellas y salieron de la comisaria calladamente.
-Juan –dijo Hercalio-. Tú deberías de chambear en el aeropuerto, en inmigraciones.
-Jejeje… bueno, causa. Me tengo que ir a preparar mi clase de mañana. Nos vemos el martes. Disfruta de la Inca Kola, cortesía de los súbditos de la reina Elizabeth de Inglaterra y el Reino Unido…
Cuando salí de la comisaria ya era de noche, y el frío serrano se podia sentir hasta los huesos. Había pensado dar una vuelta por la casa de la flaca del consulado aleman para que me caliente la noche, pero como ya eran casi las ocho decidí enfilar hacia mi cuartito de la calle Suecia a ver los goles del dia en DeporTV. Lo último que recuerdo de los hooligans ingleses fue verlos caminar apuradamente hacia la librería de la señora Glendy, cada uno con una botella vacía de Inca Kola entre las manos…
